Taller Literario Hannia Hoffmann
Eric Fco Díaz PRODUCE
lectorías
Sobrerieles
La familia Hoffmann en Costa Rica.
CAPITULO I
El libro del bisabuelo.
He recogido, afanosa, del mundo de los recuerdos,
algunos cuantos pasajes y los envolví en silencio.
Para que no los perturben pasiones ni sentimientos.
Para que por siempre vibren e iluminen mi interior.
Afortunada criatura caminante entre las horas,
que nunca camina sola y que sabe sonreír:
matices de valles verdes , montañas y cielo azul,
avecillas misteriosas y sutiles mariposas,
todo se vistió de gala, solamente para mí.
Sonidos de suaves cantos, murmullos de aguas, de hojas.
¡ Qué de aromas y colores tiene el mundo para mí !
Fuego pasado y presente, llamas de mi porvenir.
Tierra para las semillas, alimento para mí.
Toda la vida la tengo capturada en el recuerdo:
la que he vivido hasta ahora, la que tengo por vivir.
Capitulo I
El libro del bisabuelo
Un libro es un interesante objeto, fabricado con material que se obtuvo de un árbol, que comunica las mentes mediante signos y símbolos en él impresos.
Ese objeto de papel es testimonio de la capacidad humana para la magia: nos permite viajar en el tiempo.
Siempre la especie humana ha manifestado su deseo de contactarse con el cosmos; deseo éste motivado en gran parte por su capacidad de ver en perspectiva el pasado, y de visualizar el futuro: la escritura ha permitido realizar ese deseo de trascender... En las letras de los libros, se hizo posible.
Es con un libro, con un libro fantasma, como se inicia esta historia...
De las voces de mis padres y de mis abuelos escuché las historias. Me hablaron de lo que apenas recordaban, basándose también en las viejas historias que escucharon de sus padres y de sus tíos. Ellos, sus abuelos, fueron los inmigrantes. Un día, salieron de su tierra, para no regresar.
Los abuelos de mi madre, los padres de mi abuela materna, vinieron de Marsella, desde la Francia que mi abuela siempre soñó y aún añoró, sin conocerla; y guardando la secreta esperanza de viajar allá alguna vez.
El abuelo de mi padre vino de Alemania. Era un constructor de ferrocarriles Siempre creí que procedía de Colonia, pero luego los documentos me indicaron que venía de un sitio llamado Wiesbaum. Murió cuando mi abuelo y sus hermanos aún eran niños y es por eso que la historia de su familia se ha perdido en el tiempo, para nosotros. Hoy, en algunas conversaciones de sobremesa, los hijos de sus hijos, la reconstruyen en oscuros fragmentos, rescate de recuerdos añejos, a su vez recuperados de algunos comentarios escuchados de sus mayores, que se pierden en el recuerdo de sus años de infancia. Se mencionan objetos como baúles, joyas, vestidos, libros. De esos objetos deliciosamente inútiles que las familias guardan como constancia de sus raíces, de lo que fueron ...
Y todos ellos me hablaron de un famoso libro, escrito en antiguo alemán, que mi bisabuelo trajo consigo y que contenía la historia de la familia.
Cuando yo era niña, no podía pronunciar bien mi propio nombre y tuve que practicar mucho para poder hacerlo. Mi padre me mostraba en los libros la foto de un famoso político alemán y me repetía trozos dispersos de la vieja historia del bisabuelo, asegurando que él fue primo de ese viejo político. Pero esto no sucedía a menudo. En general, la vida de la familia transcurría normalmente. No recuerdo haber oído nunca a mi abuelo hablar de estos temas, al menos no conmigo.
La rama de la familia que tuvo como cabeza a mi abuelo, don Enrique, fue la más numerosa. Una linda familia que hizo muy agradables los momentos más importantes de mi infancia. Guardo bellos recuerdos de la Navidad, el año Nuevo, el día de la madre, las bodas de todas mis tías y mis tíos. Y, cuando alguien viajaba fuera del país, se hacía una gran fiesta para despedirlo y otra para recibirlo. Era otra Costa Rica, muy distinta a la actual. Todos volvían con muchos regalos. Esta costumbre, como la de dar regalos en Navidad, fue desapareciendo conforme la familia creció, supongo que por los costos de los regalos.
En mi infancia, tenía una ligera noción del tamaño de la familia. Luego creció tanto, que ahora no tengo idea de cuántos son y no conozco a muchos, lo cierto del caso es que de la simiente del bisabuelo nacieron - nacimos- muchas personas que hoy ejercen múltiples oficios: amas de casa, madres, ingenieros, abogados, artesanos, periodistas, pubicistas, educadores y etcétera y etcétera...
Y mi abuelo hasta fue un atleta que ganó, siendo aún muy joven, una famosa carrera que se hacía en las primeras décadas del siglo XX entre San José y Puntarenas, y también fue a los Juegos Panamericanos en Puerto Rico, en el último siglo del segundo milenio.
Esperé durante muchos años que apareciera el libro, el famoso libro que todos decían trajo el bisabuelo desde Alemania, con la historia de la familia, para averiguar algo más acerca de las raíces, las primeras generaciones de todas estas gentes: padres, abuelos, hijos, nietos, primos, tíos, sobrinos, tataranietos, que hoy estamos viviendo en este país, sólo porque mi bisabuelo, salió un día de Alemania y vino a dar con su humanidad, en esta tierra de Dios.
Y la espera no fue en vano. En los primeros meses del año 2001, el libro llegó a mí. O más bien, una fotocopia del libro pasó a mis manos.
Y resulta que está escrito en un alemán antiguo, o algo así. Pero los nombres y los apellidos son los mismos en todas las lenguas. Y, definitivamente, el famoso libro no contiene la historia de nuestra familia. Sino que trae la historia de la familia del famoso político, que es un personaje histórico de Alemania cuyo nombre, por el momento, no viene al caso para seguir contando esta historia.
Es decir, que el bendito libro del que todos hablaban con tanta esperanza, no me sirvió de nada, pero de nada... Me equivoco: me sirvió para ubicar en tiempo y geografía el origen de nuestra familia y para conocer los nombres de mis tatarabuelos y de los tatarabuelos de mi padre, su religión y sus ocupaciones, pues mi tía abuela Luz había anexado al libro una copia del certificado de defunción de un hermano de mi bisabuelo, que trae los datos que se conviertieron en el primer eslabón de mi investigación.
Sé que mi bisabuelo se llamó Joseph Heinrich Hoffmann ( mis familiares decían que Bismarck fue su segundo apellido ), sin embargo, los documentos que vienen de Alemania con el nombre de su madre no consignan el apellido Bismarck por ninguna parte, sino que consignan como su segundo apellido Palms. Bismarck era un apodo que le tenían los subalternos en la construcción del Ferrocarril al Pacífico, según deduje de lo que averigüé en documentos del Archivo Nacional de Costa Rica.
Don Joseph Hoffmann llegó a nuestro país aproximadamente en el año 1894, procedente de Estados Unidos, donde se había nacionalizado como norteamericano. Se casó en el año 1900 con una costarricense llamada María Venegas y tuvieron tres hijos: Enrique ( mi abuelo), Anita y doña Luz.
El bisabuelo murió en el año 1907, cuando sus hijos eran aún pequeños. Doña María, que fue una mujer muy bella, se casó de nuevo y al parecer el padrastro no dio a los niños una vida feliz. Los tres crecieron y formaron sus respectivas familias.
Doña María sobrevivió al bisabuelo por muchos, muchos años y llegó a conocer incluso a algunos de sus bisnietos.
Doña Luz tuvo cinco hijos: Franz, Otto, Herbert, Arnoldo e Hilda.
Anita tuvo una hija: Rosa.
Don Enrique se casó con doña Isabel Mora y tuvieron once hijos: Ilse, José Enrique, Rodolfo, Mario, Walter, Isabel, Xinia, Helvin, Alicia, Nidia y María de los Angeles. Uno de ellos fue mi padre, don José Hoffmann. Voy a narrar en este texto parte de su vida. Y voy a hacerlo porque él dio a Costa Rica un aporte muy importante en una rama técnica y, durante muchos años, su trabajo facilitó en gran medida el desarrollo del país.
La información transmitida en forma oral sobre mis bisabuelos es vaga e imprecisa. Los recuerdos de nuestras raíces se han perdido en el tiempo. Los bisnietos y tataranietos del inmigrante, poco sabemos de lo que fuimos. Aunque en el fondo de nuestro ser, intuimos, de alguna manera, que somos parte de un lento proceso de adaptación, producto de una aventura intercultural que, al igual que nuestro bisabuelo, muchos europeos iniciaron con su migración a estas tierras, hace más de un siglo. Salieron del viejo continente, la Europa, en la que se forjó una civilización que produjo democracia, ciencia, humanismo y la síntesis de las tradiciones greco-latinas con las germanas y semitas. Síntesis de la que ahora somos herederos y que fue enriquecida con el aporte de las culturas indígenas americanas.
Precisamente, es este el tema del libro que está usted leyendo.
Es una de las tantas historias que ilustran la mezcla étnica y cultural
en América y el aporte de los inmigrantes al desarrollo de estos países, en el recuerdo, que he arrancado al tiempo, de los fundadores de mi familia: don Joseph Hoffmann y doña María Venegas.
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