Enlace con Hannia Hoffmann
El juguetero
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Les leo a continuación el enlace juguetero.hml:
El juguetero
El viejo juguetero rodeado del candor
de todos sus juguetes, cansado, suspiró.
Les miró silencioso y a todos les sonrió;
cada uno tenía -de algún modo- su yo.
La muñeca calladita a los ojos le miró
y, ante el viejo sorprendido, con su linda voz cantó:
"Tu trabajo silencioso de horas soles y años luz
se me volvió carne viva sin que lo quisieras tú.
La otra noche en que un suspiro del pecho se te escapó,
vino directo a mi pecho y aliento a mi vida dio.
Desde entonces yo te miro, noche a noche, trabajar;
y callada la comparto, comparto tu soledad.
Pero siempre que te marchas recojo esa soledad.
El afán por tu trabajo en el que la vida das,
deja en la estancia tus fuerzas al momento en que te vas;
y yo, minuto a minuto,las recogí, por guardar,
todas esas energías por si acaso y nada más.
Para que no las hallaras las escondí en el desván.
Anoche, al abrir la puerta - por guardar un poco más
de aquellas tus energías- sobrevino un huracán:
¡Juguetero, cambia pronto gestos de incredulidad !
Que lo que te hablo es muy cierto y lo voy a comprobar.
El viento estaba furioso deseando poder actuar:
- ¡Soy vida del juguetero -dijo- que pretende actuar !
Necesito de materia para poderme recrear.
Y se internó poco a poco dando vida a los demás.
Y bailaron las muñecas.Y pelearon los soldados.
Las palomas de Castilla detuvieron esa guerra;
Con sus carros los bomberos dieron una hermosa muestra
de figuritas de agua en el aire ¡ Fue una fiesta !
Los soldados no murieron -nunca mueren en los juegos-
los niños les resucitan, como sabes, para poder destacarles
en los siguientes combates.
Por largas horas la noche fue tremenda algarabía.
Los carritos de juguete resonaron las bocinas.
Yo bailé toda la noche con Cinthia, la bailarina.
Y luego Pepe y el tuerto nos pasearon en sus coches.
Al llegar la madrugada el ciclón se retiró.
Dándonos las buenas noches, en el desván reposó.
¡ Oh querido juguetero, benditas tus energías
que me dieron este cuerpo y, anoche, tanta alegría !
¡Suspira todas las noches porque me gusta jugar
con los hermosos juguetes que a ti te ha gustado crear !
La muñeca, con cuidado, al silencio regresó.
El juguetero, cansado, nuevamente le sonrió.
Aún con su blanca sonrisa no hizo intento de borrar
de aquel viejo rostro el bello gesto de incredulidad.
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