Eric Fco Díaz Serrano
Evasiva Verdad
Aquí el Capítulo anterior:
NUEVE
¿ Qué es vivir ? (García Morente) Arrancar y partir de nuestra vida actual;
estar en el mundo, eso es vivir.
Consiste en tener a la mano
una porción de cosas,
una porción de objetos,
de animales, de objetos de toda clase
que constituyen el ámbito
de donde nos movemos y actuamos.
Nuestra vida pues, consiste en tratar
con las cosas que hay,
y las cosas que hay en nuestra vida
y para nuestra vida.
Nosotros hacemos con las cosas
-para vivir viviendo-
una multitud de actos:
Comemos frutas, plantamos árboles,
cortamos madera, fabricamos objetos,
trasponemos los mares, es decir,
estamos constantemente actuando
con y sobre todo lo que hay
a nuestro derredor.
Y una, una de las cosas que hacemos
con las cosas es pensarlas.
Además de encender el fuego
podemos preguntarnos: ¿Qué es el fuego?
y pensamos acerca del fuego.
Pero nuestra actitud primera y fundamental
no es pensar, sino que pensar es algo
que en el curso de la vida se nos impone.
Las cosas son para nosotros
amables u odiables. Nos dan facilidades
o nos oponen resistencias.
Y cuando las cosas oponen resistencia
a nuestra vida, enseguida buscamos
rodeos para vencer esas resistencias;
y uno de esos rodeos,
para vencer la resistencia
de una cosa es ponernos
a pensar: ¿Qué es esto?
Nosotros estamos, por ejemplo
-solamente lo digo por vía de ejemplo-
en el bosque, junto a un árbol,
y con ese árbol hacemos algo;
nos ponemos -digamos-
debajo de su ramaje, de su follaje,
para evitar la lluvia;
nos decidimos cortar una rama
para hacer fuego o bien
para hacer con ella un asiento o un techo;
o nos decidimos a tomar un fruto
para comerlo; pero también
puede llegar un momento
en que nos detengamos y digamos:
¿Qué es este árbol?
Entonces nuestra actitud varía por completo.
Ya ese árbol no es un término inmediato
de nuestra acción, de nuestro hacer,
sino que esta acción y este hacer
se han convertido ahora en meditación
y en pregunta acerca del ser del árbol.
Preguntamos cuál es el ser del árbol:
¿Qué es el árbol? Y podemos contestar
que ese árbol es un roble.
Y podemos seguir preguntando
en nuestra actitud de pensamiento;
¿Qué es un roble? Y podemos contestar:
es una especie vegetal.
Y podemos seguir preguntando
¿Y qué es una especie vegetal?
Y contestar que es un modo de ser cosa;
una especie vegetal es un conjunto de cosas, árboles, plantas, especies, y... Y así llegamos a determinar
que en nuestra vida hay cosas como árboles,Nosotros estamos, por ejemplo
-solamente lo digo por vía de ejemplo-
en el bosque, junto a un árbol,
y con ese árbol hacemos algo;
nos ponemos -digamos-
debajo de su ramaje, de su follaje,
para evitar la lluvia;
nos decidimos cortar una rama
para hacer fuego o bien
para hacer con ella un asiento o un techo;
o nos decidimos a tomar un fruto
para comerlo; pero también
puede llegar un momento
en que nos detengamos y digamos:
¿Qué es este árbol?
Entonces nuestra actitud varía por completo.
Ya ese árbol no es un término inmediato
de nuestra acción, de nuestro hacer,
sino que esta acción y este hacer
se han convertido ahora en meditación
y en pregunta acerca del ser del árbol.
Preguntamos cuál es el ser del árbol:
¿Qué es el árbol? Y podemos contestar
que ese árbol es un roble.
Y podemos seguir preguntando
en nuestra actitud de pensamiento;
¿Qué es un roble? Y podemos contestar:
es una especie vegetal.
Y podemos seguir preguntando
¿Y qué es una especie vegetal?
Y contestar que es un modo de ser cosa;
una especie vegetal es un conjunto de cosas, árboles, plantas, especies, y...
Y así llegamos a determinar
que en nuestra vida hay cosas como árboles,piedras, plantas, animales,
un cierto número de cosas.
Pero también podemos en un momento determinado fijarnos en que este árbol
que tenemos delante es igual
a aquel otro árbol del bosque.
Entonces se nos viene a la mente
la igualdad y decimos:
¿Qué es la igualdad?
Y nos encontramos con que
la igualdad no es ninguna cosa.
También podemos haber caído
en la cuenta de que el tronco del árbol es cirucular y podemos preguntarnos
¿Qué es el círculo?
Y también vemos que el círculo
no es una cosa.
Y entonces ya recapitulando
encontramos que,
con lo que "hay" en mi vida
puedo hacer dos grupos.
Un grupo de cosas y un otro grupo que,
por lo pronto vamos a llamar
objetos ideales.
Pero mientras hago estas reflexiones,
vuelvo a posar mi mirada
sobre el árbol y me digo:
¡ Qué hermoso es este árbol!
Y ahora me encuentro
con otra novedad en mi mundo ;
pero si el árbol es hermoso,
esta hermosura no agrega
ni un ápice a su "ser" árbol.
Si el árbol no fuera hermoso,
no dejaría por eso de ser tan árbol.
El árbol hermoso no es más
que el árbol no hermoso, pero vale más.
¡ Ah ! me encuentro ahora con un grupo
de objetos que 'hay" en mi vida
y que no son ni cosas ni objetos ideales,
y que ni siquiera tienen ser, sino valor;
que ni siquiera son sino que valen .
Así que digo: en mi vida hay cosas,
objetos ideales, y hay valores.
Y me encuentro además
con que también hay mi propia vida.
Hay mi vida misma.
¿No será uno de esos tres?
No. ¿Cómo podría mi vida ser una cosa cuando las cosas están en mi vida?
Tampoco un ideal porque son lo que son
en todo tiempo, no cambian,
están fuera del tiempo y del espacio;
y en cambio mi vida fluye,
en unos días esto
y en otros días lo otro;
y tampoco es un valor porque los valores
no son sino que valen.
De mi vida puedo predicar el ser
y eso no lo puedo predicar de los valores.
¿Qué es mi vida?
Los realistas dicen: Si yo me elimino,
quedan las cosas. Los idealistas dicen:
si yo me elimino, elimino también las cosas.
Pero justamente, esta contraposición
de las dos doctrinas es lo irremediablemente
falso en ellas.
Yo no vivo como independiente de las cosas,
ni las cosas son como independientes de mí, sino que vivir es -evocando a Heidegger-
vivir es estar en el mundo;
y tan necesarias son para mi existencia
y en mi existencia
las cosas con que vivo,
como yo viviendo con las cosas.
Plantear el problema ontológico alternativamente sobre el yo y las cosas, conduciría a la disputa secular
entre idealismo y realismo.
Pero eso es porque se ha cortado arbitrariamente la auténtica realidad
que es la vida; y la vida no permite
ese corte en dos: yo y las cosas.
Sino que la vida es estar en el mundo;
y tan necesaria y esencial es para el ser
de la vida la existencia de las cosas
como la existencia del yo.
Todo extremo es dañino, contraproducente.
Vivir es ocuparse, vivir es hacer,
vivir es practicar. La vida es
una ocupación con las cosas, es decir:
un manejo de las cosas,
un quitar y poner cosas,
un andar entre cosas,
un hacer con las cosas esto o lo otro.
El ocuparse con las cosas es
lo que convierte eso que "hay" en cosas.
A la vida le interesa primero, ser,
y segundo, ser esto o lo otro;
le interesa existir y consistir.
Vivir es vivir de cierta manera.
Y hay veces en la historia en que el interés
por esa cierta manera de vivir es tan grande, que encontramos episodios históricos
de pueblos, hombres, colectividades
o individuos, que prefieren morir a vivir
de otra manera que como quieren vivir.
Nadie se dá la vida a sí mismo.
Nosotros nos encontramos en la vida.
Cuando reflexionamos y nos decimos:
yo vivo; no sabemos ni cómo vivimos,
ni por qué ni quién o qué
nos ha dado esa vida.
Lo único que sabemos es que vivimos.
Por consiguiente, en cierto respecto,
la vida nos es dada.
Pero esa misma vida que nos es dada
la tenemos que hacer nosotros.
Algo tenemos que hacer para vivir.
La vida que nos ha sido dada
está sin embargo por hacer
y nos plantea problemas vitales
que hay que resolver.
La vida hay que hacerla y en castellano tenemos una palabra para designar eso:
la vida es un "quehacer".
Y aquí nos eoncontramos una contradicción:
la vida nos es dada
y sin embargo de sernos dada
no nos es dada, puesto que tenemos
que hacérnosla y hacérnosla
es precisamente vivir.
Aquí continúa.
|
| |