Hannia Hoffmann

El Jardín del Silencio


Primera parte
Segunda parte
Tercera parte




Reflejos Virtuales


Ensueño


Juego Canto


Lydia Lacroix

-"Los que conversan son
el arcoiris
y el colibrí".

- "Yo, por mi parte -dijo Ilhla-
ignoraba que el arcoiris
pudiese hablar".

-"¡Claro que habla! -dijo el Bromista-
quizá lo que sucede
es que tú aún no sabes
descifrar su lenguaje".

-"¿Y el colibrí? ¿Y los pájaros?
¿Acaso todos ellos hablan?"

-"Natura siempre
tiene algo que decirte -dijo el Bromista-
sólo observa, en silencio;
y, entonces,
la podrás escuchar."

 Y el arcoiris dijo:

"Un día que yo estaba triste,
me prestaron la tenue lluvia,
para que jugara.
También me prestaron
unos pájaros,
para que me cantaran...
Y las gotas de lluvia
me besaron...
Y allá en la Tierra,
los niños
fueron felices
viéndome...
¡Y eso me hizo feliz a mí también!".

-" Igual me sucedió -afirmó el colibrí-
Me prestaron la lluvia,
un día que estuve triste...
Me prestaron la lluvia y,
con la lluvia,
regresó mi alegría de vivir.
Además, unos pájaros grandes
me invitaron a jugar con ellos
toda la tarde".

Tras de un rato de silencio,
el Bromista espetó:
-"¡Vámonos ya de aquí!"

-"¡Aún no! -dijo Zuláyaba-
¡Escuchemos más a Natura!"
-"¡No! -dijo el Bromista-
¡Ya debemos irnos!
¡Yo tengo hambre!"

Al filo del atardecer
el cielo rebuscó en su infinitud
miríadas de colores;
y tornó los verdes
opalinos en verdes tiernos,
suaves, delicados.
Fueron entonces los azules, lila;
y el amarillo, el celeste y el rojo ya no fueron más,
al hundirse el sol con sus destellos.

Cedió la luz,
llegó la noche
y ellos se marcharon...

FUTURO

Navegando junto al Rey Bromista
en aquel vertiginoso viaje
por el mundo de sus fantasías:
Rem, Zuláyaba, Ilhla
y los seres marinos
llegaron a un edificio en el tiempo.

El lugar estaba lleno de jóvenes.
Ilhla tuvo una sensación diferente...
que antes no habría imaginado.
Era presenciar al par y al detalle
en un mismo instante,
la más grande reunión con gente

proveniente de cuantas culturas en el mundo han sido.

-"Esa joven que está ahí- pensó-
puede a mi parecer ser etrusca.
Aquel más bien, es... ¿árabe?
¿Son esos indios... u orientales?
¿Y, tiene esa joven de rasgos
indoeuropeos la cabellera azul... o lila?
¡Cuánto me agrada
la cadencia de esos negros!
-lo dijo para sí misma con una sonrisa
apenas en su rostro dibujada-
Son todos -analizó- realmente bellos.
Y, además de su belleza física
hay fuego, vida milenaria en su interior..."

Y tuvo una ligera sensación

de que cada uno de esos jóvenes pertenecía a todas y a cada raza.
Mas se tornó trémula cuando creyó
reconocer el inicio del primer movimiento
de su canto de éxtasis. ¿Mas -dudó-
es realidad..? Sí... Sí es...
El Canto de la Alegría
-lo dijo en un suave murmullo, casi
al unísono con las palabras de Zuláyaba
que por poco le hicieron perder su encanto
al indicarle a los seres marinos-
"Es la Novena Sinfonía de Beethoven"

"Todos los hombres -dijo Rem a Ilhla-
poseen en sus genes
el desarrollo de la humanidad.
Cada uno, por distintas vertientes,
lleva dentro de sí,
mucho de lo que han sido
anteriores civilizaciones.
¡Por eso la vida humana es tan valiosa!
Cada uno de ellos es parte del todo,
pero es, también un todo.
¡Por eso la vida humana es tan valiosa!"

Los seres marinos estaban anonadados.
-"¿Cómo, dime, cómo -dijo la sirenita al pulpo-
la música ha cesado
y la alegría aún está en mí?"
Como el pulpo sólo atinaba a mover
sus tentáculos fue Henry quien respondió:
-"Es que además de cuanto oyes
permanecen en tí las vibraciones;
la música se aloja en mis sentidos
y preside cuanto hay en mí."

-"¡No puede ser -pensó el Rey Bromista-
que un caracol hable así..!
¿Será que he hecho tantas bromas
que no me doy cuenta
si me las están haciendo a mí?
¡No, eso jamás! -dijo convenciéndose a sí mismo-
y volviendo hacia Ilhla le preguntó:

preguntó a Ilhla acerca de lo que ella
quería hacer con su vida.
-Quiero hacer música con la palabra.
-"¡Ah! Quieres ser escritora...
¡Bien! -y apretando sus labios para evitar sonreír,
continuó- Escuchen esta historia:
Había una vez un filólogo. Dicen
que había, también, una mente todopoderosa...
¡Qué palabra tan fuerte, eh!
¿No lo creen? Pues bien, había
según dicen, un grupo de niños
que amaban las cosas sencillas:
como la discreción,
los buenos chistes,
los bailes y las canciones.

¿Qué creen ustedes
que podría hacer un escritor
con estos elementos?

¡Ah! Porque también dicen que había,
aparte del filólogo/escritor,
unos cuantos especialistas
en historia, filosofía, comunicación;
en fin, todos ellos científicos sociales.
¡Bonita profesión! ¿No les parece?
También había abogados y economistas.

¡Claro! Eran parte de un pueblo que,
como todo pueblo, poseía también
sacerdotes, políticos y futbolistas...
Tenía, este pueblo,
todas esas gentes que
hacen bullicioso y ameno el día
en los poblados, tales como:
fotógrafos y artistas;
bailarines, pintores, escultores,
poetas, empresarios,
agricultores, artesanos,
costureras, choferes, maestros
y etcétera y etcéteras;
interesante forma de abreviar ¡eh!
Y, como todo pueblo,
poseía tradiciones y costumbres..."
-"¿Y el escritor?" -preguntó Ilhla.
-"Aún no podemos hablar del escritor"
-dijo el Bromista-
-"Hablemos del filólogo". -pidió Rem.
-"En realidad, había varios filólogos.
Esto lo recuerdo muy bien
como también recuerdo que
entre sus tradiciones, este pueblo
tenía una profunda fe en Dios.
Y tenía, además, un peculiar
sentido del humor..."
-"Hablaste de una mente todopoderosa."
-dijo Zuláyaba-
-"¡Ah, sí! -dijo el Bromista-
Había, ahí, una mente que poseía
todo el conocimiento."

-"Pero -dijo Ilhla-
yo no puedo imaginar
una mente así, en abstracto."
-"Pues entonces,
no la imagines."-dijo Rem-

Y el Bromista prosiguió:

-"Además, por ahora,
tampoco hablemos de la mente
que aquello cuanto quería, lo podía".
-"¡Ah, bueno! -dijo Ilhla ansiosa-
entonces, ¿de qué hablaremos?"
-"Bueno, complaciendo tu insistencia,
los llevaré a conocer al escritor".
Y en dos tris que hizo en sus dedos
apareció un individuo con una visera
en la que se leía: FILOLOGO.
Ilha sin inmutarse sólo dijo:
-"¡Hola señor filólogo! ¿Cómo está usted?"

-"Pss muy bien.
Quizás algo cansadito
pero ¡creéme!
¡nada de otro mundo!
Trabajo ahora
en un nuevo libro,
acerca de lo verosímil..."

-"¿Y qué es lo verosímil?" -preguntó Rem.

-"Como observamos en la palabra,
semeja lo verdadero, es decir,
cuanto se puede creer.
Pero ¿saben?
Un filólogo/escritor tiene
tanto material de trabajo
a su disposición, que, a veces,
no sabe sobre qué escribir..."

-"¿Y usted -preguntó Ilhla-
ya hizo su escogencia?".

-"Escucha , Ilhla -dijo el filólogo- recuerda
que te he dicho haber escogido
lo verosímil para lanzarme a escribir..."

-"¿Por qué lo verosímil?" -preguntó Rem-

-"¡Ah, eso no es sencillo de responder!
Por favor, acompáñenme.
Recorramos las calles. Vayamos
a esos sitios llenos de gente
que hay en la ciudad.

Después de caminar un rato,
ustedes me dirán qué observaron.
Entonces comprenderán por qué escogí
lo verosímil para escribir..."
(De nuevo se oyó un chasquido de un tris).

Era otra vez época de Navidad.
Los hombres y mujeres en aquella ciudad
caminaban presurosos por las calles.
Iban cargados de paquetes
con sus compras de fin de año.
Ilhla observó, allí,
personas muy distintas entre sí.
Eso la hizo recordar
aquella ceremonia
en la que escuchó
aquel himno universal,
que hablaba de la hermandad
entre los seres humanos...

Pero las gentes
caminaban tan apuradas,
que Ilhla sentía que
ni siquiera notaban
su presencia, o la de sus amigos.

Se podía ver allí,
gentes de diversas condiciones sociales.

Sus vestidos, peinados,
y los accesorios
que llevaban encima,
así lo connotaban.

Pero lo que llamó la atención de Ilhla,
sobremanera, fue la tremenda cantidad
de información dada:
mediante fotografías,
carteles publicitarios,
rótulos comerciales,
nombres de autobuses,
iconos religiosos,
libros, revistas...
La información era tanta,
y de tan diversa índole,
que no se podía estar seguro
de en cuál país, exactamente,
podía estarse.

Había rótulos en español,
inglés, alemán, italiano,
francés, árabe, chino,
y aún en otros idiomas
que Ilhla no pudo identificar.

Y así se lo hizo saber
al filólogo, diciéndole:

-Lo que yo observo, es que,
si me pidieran identificar
el país en el que nos encontramos,
mediante la información
que hay en la calle,
talvez no podría hacerlo".

-"Supongamos ahora -dijo el filólogo-
que tú eres un ser extraterrestre;
y tienes por misión conocer y explicar
las tradiciones de este lugar,
y también las costumbres de su gente:
¿Qué harías?"

- "Creo que no lo sé" -dijo Ilhla.

Era, otra vez, la época de Navidad. 
Ya de compras o de paseo
el panaroma era, ya de chubasco
o de un cielo azul celeste
o bien cilampa en ardiente sol.

Entraron a una casa de agradecidos
con los designios del gran creador: -"Padre nuestro que estás en los cielos..."
-"¿Dónde estamos?"
-preguntó Henry avivadamente-

-"En un rosario dedicado al niño Dios
-dijo el filólogo-
Este pueblo celebra, cada diciembre,
el nacimiento de Jesús, el redentor".

-"Hágase tu voluntad en los cielos
y en la Tierra..."
-"Y, ¿Quién es esa mujer
que tiene un collar de cuentas
entre sus manos?" -preguntó la sirenita-

-"Ella -respondió el filólogo- es quien
dirige el Rezo. Eso que tu llamas collar
es su rosario de cuentas.

"Et benedictus fructus ventris tui"

El filólogo susurró
entonces a los seres marinos:
-"En los pueblos de cultura occidental,
cuentan el tiempo a partir
del nacimiento del sublime Maestro.
Los habitantes de este lugar
celebran su nacimiento
con entusiasmo recordando que
fue El quien enseñó a los hombres
el compartir amor, así como las buenas
costumbres y rendir culto
al Gran Creador y amar la Naturaleza".

"En el pesebre estaba el niño...
en el pesebre estaba el amor..."

Ilhla observó a su alrededor
a aquellas personas y mucho
le agrado su aire de poblanos
y del grupo de músicos
las canciones infantiles
alusivas a la celebración.

C'est l'esperance dans le silence
avec l'amour qui viens chaque Nöel

Henry embelezado, daba vueltas
en torno al arbol, ora de pino, ora ciprés,
mirando sus coloridas lucecitas
cautivo en la estancia por el rico olor.
Como abstraído, detuvo sus ojos
en un portal en donde había ovejas,
un buey, una mula, unos reyes, un señor
y una señora joven al pie de un pesebre
en el que estaba un niño. 
Y viendo el filólogo al pulpo
posar su mirada en una figura,
le dijo con voz tenue:
Es ella su madre, prodigio de amor
y son aquellos quienes le obsequian con sus regalos.

Moviendo sus tentáculos
en forma de signos de pregunta
el pulpo advirtió:

¿Acaso entre los regalos le han
obsequiado música?

El Rey Bromista intervino de inmediato:

Oye tú, bello pensador ondulante,
no te importe cuanto o que fue
aquello que recibió en ofrenda
aquel niño del pesebre. Te digo
que hoy, a nosotros más nos importa
la amabilidad de estos poblanos
que nos invitan al café y a eso que llaman
biscocho, que se toma con chocolate
y, si tú prefieres, puedes comer
del tamal o de este rico
arroz con leche.

Al pulpo le agradó la perorata,
mas a Rem le pareció que cualquier
respuesta del bromista le hubiese
convencido de cualquier cosa;
porque cuando el filólogo
comenzó a hablar, los tentáculos
del pulpo le señalaron y todos
convinieron en ponerle atención:

-"Ilhla, luego de mucho observar
he logrado escribir un pequeño cuento,
y lo he hecho jugando,

Jugando con lo verosímil..."

-"Un buen día -dijo el filólogo-
todo el amor del mundo
se refugió en una semilla...

-¿Por qué se estaba refugiando?
-preguntó Ilhla-

-Eso no lo sabemos -respondió el filólogo-
pero algunos dijeron
que huía de la guerra
y de la destrucción ecológica.

Pero -dijo Ilhla-
¿Todo el amor del mundo no es mucho decir?

-¡créeme! -dijo Zuláyaba-
Es cuestión de perspectiva
 ¡Simplemente imagina
todo el amor del mundo.
Aún más, visualízalo. porque,
dicen que algunos
hasta pueden verlo.
Pero, volvamos al cuento".

-"¡Ah, sí! -dijo Rem,
dirigiéndose al filólogo-
decías que todo el amor del mundo
se refugió, un día, en una semilla,
huyendo de la guerra..."

-"Dije que algunos dijeron eso.
-Aseveró el filólogo-
Pero no fue así, precisamente,
¡quizás sólo iba de vacaciones! ¡Eso no lo sabemos!"

Ilhla intervino:

-"¡El amor no se cansa!"

-"Eso -dijo el filólogo-
tampoco lo sabemos a ciencia cierta:
¿Podrías tú definir el amor?"

-"Si tú puedes decir
que todo el amor del mundo
se refugió en una pequeña semilla,
creo que sí, ¡yo puedo definirlo!..."
-respondió Ilhla.

-"¡Por favor: hazlo!"

-"El amor -dijo Ilhla-
es un señor amable y bondadoso,
que habla por teléfono
y da instrucciones de trabajo,
porque siempre quiere
estar produciendo".

-"Yo, más bien, -intervino Zuláyaba-
digo que el amor es
un niño que juega,
que se ríe o que baila".

-"Para mí -agregó Rem-
el amor es sólo un sentimiento...
o bien, podría ser
  una mujer que corre, ansiosa,
a buscar a su hijo;
o un árbol, o el mar;
aquella estrella,
o bien, natura toda..."

-"Y -preguntó Ilhla al filólogo-
¿Podrías meter a Natura
en sólo una semilla?'

-"¡Te digo que no he metido nada
en ninguna semilla,
sólo te narro un cuento!
Escucha...

La tierra sufría mucho,
a causa de los tantos abusos
que los hombres
cometían en ella...

Millones de árboles talados
sólo porque sí. Ríos sedientos de agua pura.
Millones de animales y el vegetal
sufriendo su extinción.
El aire contaminado rompía el cielo;
y aún los mismos hombres
pasaban hambre, mientras las guerras
impedían organizarse
para recibir cuanto Natura da.

Por todo esto,
el amor se sentía triste...
Muy triste y muy cansado...
Así que decidió marcharse.

Pero el amor,
por ser, precisamente, cuanto es,
no podía irse
a un sitio específico;
el Universo es un todo.
Así, adonde fuere,
tendría noticias
de la destrucción ecológica,
o de la guerra.
Pidiéndose consuelo
se fue a caminar al campo,
a ver a sus árboles
y a escuchar a sus pájaros...
¡Sí, realmente,
el amor estaba muy triste...!

Pero al ver los plantíos
y observar los frutos,
recordó cómo se renueva
el ciclo de la vida...
Y ésto, ¡claro! lo hizo
sentirse bien: ¡muy bien!

Y se entusiasmó tanto
al mirar árboles florecidos,
tierra fértil y húmeda
y tantos frutos plenos de semillas,
que todo el amor del mundo,
siendo como es,
se nos volvió un niño, de repente,
y buscó refugio en la vida misma:
decidió irse a vivir a una semilla.

Y aquella semilla elegida,
pronto cayó a la tierra...

La lluvia-vida mojó la tierra-madre
durante muchos días.
Pero el amor
estaba tan contento dentro de su semilla,
que no quería salir.

Y, sin embargo, él amaba,
entusiasta,
el ciclo de la vida.

Un haz de luz en el agua
dió vida en la tierra fértil.
La vida latente se tornó en vida activa
germinando las semillas.

Y... la fuerza del amor
era tan pero tan grande,
que bien pronto se vió
a sí mismo fuera de la semilla,
llenanando el mundo
con las sonrisas y las caricias
que acostumbran prodigarse, entre ellos,
los seres que se aman.
-¿Y la semilla?- preguntó Ilhla.

-La semilla se transformó en árbol,
que dió sus frutos; con sus semillas,
las cuales dieron otros árboles...
Y siguió siendo eterno
el ciclo de la vida.

  Tras despedirse el filólogo comentaron
algunos detalles
acerca de aquel personaje.
El Bromista comentó que
el escritor pensaba, cada día,
que toda la vida era
como un inmenso poema,
compuesto de otros muchos
pequeños poemas, dentro del cual,
él mismo vivía. En ocasiones, más bien,
le parecía una película, o una comedia
pero, a veces, según él mismo decía,
¡le parecía la vida tan auténtica!

Claro que, en realidad,
la vida siempre es auténtica;
solo que, todo cuanto
a su alrededor percibía,
era para él un material rico
y único en tiempo y espacio.
pues todo es irrepetible; así,
el tiempo transcurre.
Y eso es todo: transcurre..."

-"Y, sin embargo -dijo Ilhla-
nosotros estamos viajando
por un tiempo que ya pasó
. ¡No puedo comprenderlo!"

-"Pues entonces -dijo el Bromista-
no te esfuerces demasiado
por comprenderlo. ¡Vívelo!
¡Sólo vívelo, Ilhla...! "

Cuando regresaron
al país de Zuláyaba,
el Bromista
pareció volverse
un tanto más serio.

Se dirigió a Ilhla, preguntándole:

-"¿Qué haz aprendido, Ilhla,
en este viaje?"
-"No podría hacer un resumen,
pero aprendí a soñar.
Creo que también aprendí
a descifrar el lenguaje de Natura".
-agregó sonriente-
-"¡Sí! Creo que tú no eras
el candidato apropiado..."
-"¿El candidato apropiado para qué?"
-preguntó Ilhla.
- "Para jugarte bromas -respondió el Rey
sonriéndole y agregó: No te preocupes
es broma. Pero lo que sí no lo es,
es mi deseo de que me recuerdes siempre.
¿Sabes? Creo poseer un vasto conocimiento
sobre variados temas y recomiendo
a mi amigos que se lancen en su busca.
Hazlo Ilhla. El saber es irreversible, una vez
obtenido no es posible renunciar a él.
Mas ten presente que, para vivir intensamente 
debes descender del mundo simbólico e ideal
y permanecer en contacto directo
con tu realidad inmediata.

Vuelve a tu casa Ilhla, vuelve...
Vuelve y vive. Trata de producir...
y recuerda que el conocimiento es sólo
un instrumento para que seas feliz
y para que te desarrolles
junto a los tuyos.

Te contaré una historia más: Esto pasó
hace más de un siglo de los de tu tiempo.

La luna estaba cansada, muy cansada;
y tenía sueño.Bostezó y,
por descuido, se tragó al Sol.

¡Claro! la luna se asustó mucho:
En la tierra todo se oscureció.

Hombres prominentes
corrían, corrían y corrían aquí y allá.

-¿Qué pasó a media tarde?
¡Se hizo la noche, todos lo vimos claro!

¡Sí, la luna abrió su boca y se tragó al Sol!

Poco a poco se fue yendo la luz del día...
y, con ella, también se fue el calor.
Un frío de madrugada llenó el espacio:
¡la luna se tragó al sol!

-¿Cuánto tiempo ha pasado?

¡Yo no lo entiendo, el cielo está estrellado!
la noche ya llegó.

¡Es la tarde y ha oscurecido!

-¡Te he dicho: la luna se tragó al sol!
-¡No! ¡No se lo ha tragado!
-dijo un indígena-
pasa que se aparearon:
Yo lo ví claro.

Y de la unión sagrada de tanto amor,
tan sólo cosas buenas
¡maravillosas! pueden pasar.

Ese apareamiento
fertiliza la tierra ¡ya lo verán!

y... en ese instante
todos los de su raza
sonaron, muy contentos
un caracol...

Los científicos todos,
maravillados,
miraron hacia el cielo:
los niños sonreían
al ver aquello...

Entretanto la luna,
muy preocupada,
por haberse tragado
de pronto, al sol,
abría la boca y sólo conseguía
despedir llamas a través de ella,
como cualquier dragón.

¡Qué asustada que estaba!
¡Tragarse al sol...!
Y... ¿cómo devolverlo?

El sol estaba incómodo
entre aquella luna.
Así que, poco a poco, forcejeó;
se salió de la luna
¡y en aquella tarde también amaneció!

Diviértanse ahora -terminó diciendo
el Rey Bromista- con uno
de mis mejores trucos..."

Se oscureció la tarde...
El sonido ensordecedor
de un caracol marino, aturdía a Ilhla
Se dió cuenta que más bien,
era cansancio
cuanto le aquejaba.

Un extraño remolino de luz
surgió de aquella repentina
oscuridad haciéndole perder
la noción de cuanto ocurría:
En la penumbra le pareció ver
a Zuláyaba y al Rey Bromista
levantando sus manos en señal
de despedida mientras que a toda luz
distinguió bien las sonrisas de Henry,
el pulpo y la sirenita. Sintió desvanecer
asida a la mano de Rem.

  Como si despertara de un letargo
se vió asida a la mano de Rem
quien miraba el mar y sus destellos azules...
Los seres marinos parecían
estar ya de regreso de su viaje.
Ilhla les habló pero no la escucharon.
Entonces se dió cuenta
que estaban en otra dimensión,
mas bien, cada uno en la suya propia.
No obstante le pareció oír, en el tintinear
de las gotas de las olas del mar,
sus vocecitas que, como diminutas,
cantaban en coro:

Fue un sueño...
Había una estrella rota en el camino.
Era una estrella blanca y admirable.
En su seno, por mineral, el tiempo.
En sus almas, porque tenía miles,
reinaba el bien y el mal.
Estaba toda llena de esperanzas:
de verdes esperanzas infantiles;
azules esperanzas juveniles;
y grises, de profundas esperanzas.
Estaba toda llena de dolores,
sembrada entre problemas y tristezas,
bañada en lágrimas y risas,
preñada y estéril a la vez.
La estrellita herida y blanca de mi sueño,
¸¿Acaso podría ser la humanidad?

Rem habló así:

-"Déjame terminar
de contarte esta historia, Ilhla.
Yo me encontraba sentado ahí,
observando a los seres marinos
y escuchando su conversación:
la que tuvieron al reencontrarse.
Un hipocampo del grupo
que fue a la superficie,
se mostró alegre por haber
encontrado los ritmos.
Me acerqué a él
y le entregué mi caracol.
El lo tomó, pero ¡claro!
no supo de dónde había salido.
Y, al tenerlo cerquita,
escuchó el sonido del mar.

Mientras tú dormitabas
me quedé observándoles.

Al escucharles durante algún rato,
deduje que en su viaje por el tiempo,
creen que el ser humano
es resumen y conjunción del todo:
de la Naturaleza y de las Artes
y aún de las mismas aventuras de los dioses.

Ilhla y Rem se quedaron observando
a la Sirena, el Caracol, el Pulpo
regresar a su mar, por entredebajo
de donde la ola se encrespa;
llevando con ellos a la música para su fiesta;
presumidos de su conocimiento
y de sus nuevos amigos.
Creo que hablarán tanto de nosotros
como lo haremos nosotros de ellos;
porque todos sabemos
que siempre que así lo deseemos
podremos regresar y viajar juntos
en el tiempo, o a su mar".

-"Sí -admitió Ilhla- alguna vez hemos
de volver por esos tiempos..."

BALANCE

La mañana estaba fresca cuando
Ilhla y Rem vencieron el último
promontorio que les separaba
del Jardín del Silencio. Ahí mismo
Ilhla vió el bambú florido.
No puede ser -dijo para sí-
¿Será posible? -se preguntaba-
Aunque ella intuía
que ahí nada era imposible.
A su lado, Rem sonreía...
Una serie de inquietudes
se manifestó, intensamente, en su interior.
Deseosa de ver satisfecha
su demanda preguntó
-"¿Quién eres?"
-"Quizá un genio -respondió él,
aún no sé si en broma o en serio-
mi trabajo es dar a los artistas
material necesario a sus obras".

Luego sacó, como de su manga,
una pequeña escultura y preguntó:

-"¿Cómo la llamarías?"
Verdad que la llamarías...
-"Fertilidad". -dijeron al unísono.

-"¡Muy bien! -dijo sonriente- Sí, ese es
su nombre: fertilidad.
¡Pero no lo cuentes a nadie..."

Ilhla agregó:

-"Deseo que llueva
nuevamente cuando
volvamos alguna vez
junto al mar.

Sé que he de respirar
alguna otra vez,
el olor de la vida: el olor de la humedad.
Sé también que va a remitirme a la vida,
como el olor de la lluvia en el zacate;
como el olor de humanidad de aquellos
jóvenes en grupo cuando escuchamos
el canto de la alegría".
Rem la miró sonriente...

Estando luego a solas,
Ilhla hizo un balance de lo acontecido.

-"Ha despertado en mí
múltiples sensaciones:
De la certeza a la duda,
de la seguridad al miedo;
a la ira, al amor, odio, alegría,
tristeza, llanto, celos, armonía:
¡en fin! a cuantos sentimientos
es suceptible un ser humano.
Creo que se mezclaba en mi mente
el dogma con la ciencia,
hasta creer, a veces,
poseer la verdad y, de inmediato,
que la verdad me era,
por completo, inaccesible.
Tuve dudas hasta
acerca de mi propia identidad...

El conocimiento puede ser expresado
de muy diversas formas -pensaba-
todo depende
de a quién será comunicado,
de su universo mental
y sus creencias.
La verdad bien puede expresarse
matemáticamente,
o en forma alegórica; todo depende
si es de hecho. de razón o simple lógica.

La alegría no es algo que se alcanza,
-se decía a sí misma- Sólo se vive...
Vivir y producir... vivir y ser feliz...
vivir y amar. Y es amar vivir
placenteramente,
en proceceso continuo e infinito
de desarrollo individual y de la especie.
Por eso las artes, por eso la danza,
por eso la música...
En su meditación concretaba
en que todos los personajes
eran uno mismo o bien, ninguno.
Cómo ninguno -recapacitaba-
es que, en un momento representaba
a uno, e inmediatamente después, a otro.

Era todos y podría,
perfectamente, no ser nadie.
De no ser por mi formación anterior,
hubiera terminado dogmatizada
por sus enseñanzas.
Creí que era todos y que no era nadie.
Creí que era la representación viva
del conocimiento
y de la evolución intelectual de todos".

-pensando se durmió, algo intranquila.
  Al despertar cayó en la cuenta
de que la vida es un quehacer.
Que los caminos están para ser
recorridos y disfrutarlos plenamente.

Descubrió en su vida la intensidad
que antes sólo intuía. Ahora,
la tenía a manos llenas.

-"Vamos andando hacia el futuro
y quiero ser armonía -pensó-
construir por ver lo construido.
Vivir para ser feliz".

PRAXIS

Ahora en el Jardín del Silencio
volvió a preguntarse:
¿Quién era su amigo?
Le parecía un geniecillo,
producto de su fantasía...

Lo cierto era que, sus encuentros
en el Jardín del Silencio,
la habían transformado
en quien ella, realmente, quería ser.
En un recodo del Jardín del Silencio
notó que se encontraba iluminado,
de manera distinta. Era como estar
ante una realidad un tanto más clara.
Siempre ese íntimo contacto
con la Naturaleza le hacía sentirse muy bien.
-¸"¿Y eso, un rótulo junto al arroyo? Leyó:
"RESERVA ECOLOGICA"
Mi jardín -pensó- ya no es sólo mío,
es patrimonio de todos.
Siempre fue así. El Bambú o el arroyo..."
Una voz la sacó de su ensimismamiento:

-"¡Hola! -dijo Ilhla a Rem-
hace días no te veo.
Sí, y en verdad deseaba verte
y contarte que he fundado
una organización ecologista
en nuestro jardín. ¿Sabes?
Natura requiere del aporte
y el trabajo de todos,
para su preservación".

-Sonriendo, como siempre, continuó-
-"¡Ven, acompáñame!
Te voy a presentar a unos amigos
que son los miembros
de nuestro grupo de trabajo, IIlhla!"

-"Sí Rem...
Intuyo nuevos bambúes
que están ahora mismo por florecer.
Intuyo que,
desde el silencio, romperán
las voces de muchos amigos
en torno a nuestro jardín." 

GRACIAS

Aún así, todo lo vivido
requería de un análisis:
¿era real, o sólo producto
de su fértil imaginación?

Necesitaba hacer descender
del mundo filosófico y fantástico,
la imagen de su amigo.
Lo vivido era maravilloso...
La asustaba un poco;
continuó en su análisis.

-"Los fines científicos
son fines científicos.
Pero, por el momento
y en este ámbito mío,
tengo fines fantásticos,
para producir en privado
y recoger información
de todo lo percibido
a través de mi propio
marco de referencia.

La fantasía también es un don...
Yo no quiero desprenderme
de mi fantasía.
A través de ella,
me puedo expresar
y enriquecer espiritualmente.
¡Es importante, claro!
establecer un balance
entre realidad y fantasía.
Pero si los artistas
limitan su imaginación,
el arte dejaría de ser...
¡Imaginar es no tener límites!
Y quiero ser inmensamente ilimitada
en el mundo fantástico
de mi razón de ser
como ente pensante.

¡Fantasía que busca ser comunicada!
Fue mi potencial creativo
el que tejió toda una aventura
en mi imaginación.
Fue un proceso
que se gestó en el tiempo.

¡Gracias por el idioma y la escritura!
¡Gracias por la comunicación!

Y escribió:
-"¡Hola!
Dondequiera que estés,
recuerda nuestros encuentros
en el Jardín del Silencio
y ten presente que yo:
Tengo un ¡hola! único,
que es sólo para tí...

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