Hannia Hoffmann

El Jardín del Silencio


Primera parte
Segunda parte
Tercera parte




Reflejos Virtuales


Ensueño


Juego Canto


Lydia Lacroix

Ilhla se encontró, de pronto sola,
en medio de un gran salón,
en aquel castillo.Había ahí un grupo musical
interpretando una hermosa canción
cuyo estribillo decía:

Natura que me amas
tanto como yo te amo...

Pronto se acercó a ella
el director del grupo:

-"Hola Ilhla -le dijo-
te estábamos esperando".
Y le entregó una rosa roja.

-"Pater nos dijo
que amas la fantasía
y él quiere regalarte un sueño.
Sé que tus amigos
vinieron en busca de la música.
Pero tú: ¿qué andas buscando,
exactamente, Ilhla?

-"Yo no busco nada en particular -
respondió Ilhla-
sólo estoy viajando por el tiempo
porque acepté una gentil invitación
de mi amigo Rem.
Quiero ver
todo lo bello que hay aquí.
Me gusta este lugar.
Aunque... pensándolo bien,
sí quiero algo:
¡Quiero hacer música con la palabra!"

Rem se hizo presente en el salón
acompañado de Zuláyaba
y los seres marinos.

-"Esta, Ilhla, es una época maravillosa-
dijo Zuláyaba- ¿Haz oído hablar
alguna vez de los Juglares?"

-"Pues bien -continuó Rem-
en la época de los Juglares
ellos recorrían el mundo
con su música y sus canciones.
Contando a todos
historias de amor y aventura.
Ahora debo irme por un momento:
¡Espérame!"

Ilhla permaneció en el salón,
escuchando la música:

"Natura que me amas
tanto como yo te amo..."

Cuando acabó la fiesta, Ilhla decidió
pasear por los alrededores.
Salió de aquel castillo y caminó sin prisa.
En su andar, contempló en detalle
el follaje y todo cuanto veía y sentía
le era placentero y bello.Transcurrió el tiempo...
El Jardín se fue volviendo
denso bosque; e Ilhla supo
que estaba perdida.
Arboles grandes y pequeños
obstruían su visibilidad.
Casi no había luz..

Miró a su alrededor
y vió de cerca
a la misma tortuga
con lo que tropezara tiempo atrás...

-"¡Hola! " -quiso decirle
Ilhla a la tortuga;
pero había en ella
una insólita timidez
que le impedía hablar.

La tortuga también
permaneció en silencio,
mirando a Ilhla;
ella sentía que la presencia
de aquel ser milenario
le daba seguridad.
Sin que Ilhla se percatara,
la tortuga desapareció,
y entonces la noche fue total.

A pesar de la oscuridad,
Ilhla podía distinguir en siluetas
el entorno que le rodeaba...
Sintió necesidad de dormitar
y sentir aún mas cerca
la tierra de aquel lugar...
Dormitando creyó soñar
vislumbrando una lechuza
que neciamente repetía
derrota y soledad;
caminos inconclusos.
La lechuza se transformaba
en multitud de seres:
era paloma, tigre, águila...
y tomaba la forma de rostros
de hombres, mujeres y niños.
Ilhla no podía despertar
de aquella pesadilla.

-"¡Hola!" -dijo la dulce voz
de una mujer sonriente.
La tortuga, transformada en mujer,
era quien le hacía el favor
de despertarla.
-"Por lo visto tenías sueños
desagradables -le dijo-
¿Qué estás haciendo aquí?
¸¿Cómo fue que te separaste de Rem?
El no permite que sus invitados
se alejen demasiado.
¡Ah! he sembrado la rosa
que traías en tu mano
Ahora debo irme: sé que hallarás
el camino de regreso.
¡Cuida mucho tus sueños!  ¿Sabes? Las pesadillas suelen
contaminar el bienestar de todos.
Sigue el camino hacia aquella cueva,
ahí hallarás a Rem.
Siempre que viene por estos lares
aprovecha para subir allí, pues,
gusta del panorama
que desde allí se disfruta.
Tus amigos del mar, tengo entendido,
están en el castillo..."

La dama se transformó en tortuga
y partió lenta y pesadamente de ahí.

El viento silbaba en los oídos de Ilhla.
¡Jamás en su vida había estado tan sola!
Quería encontrar a Rem
y marcharse de allí.
El Bosque se acabó y, en su lugar,
encontró un camino algo seco
y sumamente extraño.
Desde ahí se veía
un panorama lindo; era un sitio alto.

Al caminar el día anterior,
Ilhla no se había percatado
de haber subido tanto.
Sólo había caminado
obedeciendo su instinto.
Tenía hambre y aún hacía frío.

Se sintió agradecida con la vida
por no haber nacido en la Edad Media,
y estar allí sólo de paso:
¡Deseaba encontrar a Rem!

De repente, cambió el color del tiempo.
Cielo gris y ambiente frío
se trocaron en un azul
que acariciaba suavemente
los sentidos de Ilhla; penetrando,
a través de sus ojos, su espíritu.

Ilhla sentía, en momentos como ese,
que la Naturaleza
quería comunicarle algo:
hablar con ella;
y usaba aquellos cambios de luz
para decirle:

"¡No temas, Ilhla! ¡No estás sola!
Eres parte de un todo:
Hay luz en el Todo:
la luz es en tí...".

Recordó las palabras
de aquel músico en el castillo,
a Pater y la rosa;
y sonriente, paso a paso,
tras mucho caminar,
se halló frente a una cueva. En la entrada, de pie,
estaba un viejo
que cargaba un saco.
El viejo estaba sucio,
también lo estaba el saco.
Aquel viejo tenía
un gran parecido con su amigo Rem.

-"¡Hola, querido RemI -dijo Ilhla-
¡Al fin te encuentro!"

-"¡Hola pequeña niña! -respondió él-
Me alegro de que me encuentres,
pero no es Rem mi nombre.
Te conozco desde hace mucho tiempo:
tú también me conoces.
¿Lo recuerdas?"

-"¡Disculpe! Tiene usted
un gran parecido
con mi amigo Rem
¿Realmente le conozco?
Oiga: ¡espere! ¡Creo que sí!
Pero... ¡No puede ser!
Usted se me parece mucho a...
¡Por favor no se ofenda!
Usted se me parece mucho
al "viejito de la barba".

El viejo sonrió dulcemente,
y su sonrisa resplandecía,
aún en medio de la suciedad.
el "viejito de la barba" -prosiguió Ilhla-
era un hombre de mi pueblo
que bajaba de la montaña,
una vez por semana,
pidiendo limosna para sobrevivir.
Llevaba siempre consigo un saco,
para cargar cuanto le regalaran".

Ilhla recordó, en ese momento,
que las madres asustaban a sus hijos
diciéndoles que, el "viejito de la barba",
usaba ese saco , también,
para robarse a los niños
que se portaban mal.
Miró a su alrededor
buscando niños,
dió un suspiro de alivio;
y continuó:

-"Yo le tenía mucho miedo
al "Viejito de la barba":
¡usted no me da miedo!
Con todo respeto, debo decirle que,
si se baña y se arregla la barba,
usted podría pasar
por hermano gemelo de mi amigo Rem.
El anciano sonrió de nuevo,
e insinuó un gesto
que decía: "¡Por favor!
, deja tus comentarios y dime:
¿Qué deseas?" -"La tortuga me dijo
que encontraría aquí a Rem.
¿Sabe usted dónde está?
Estoy algo cansada y tengo hambre.
¿Puede usted ayudarme?"

-"Rem -respondió el anciano-
acostumbra venir a visitarme
siempre que cambia el tiempo.
Y hoy ha cambiado.
Debe estar por llegar;
y sí puedo ayudarte".
(Al decir ésto, su sonrisa
se torno aún más amplia
dejando entrever unos dientes
muy limpios y relucientes).
En ese momento Ilhla creyó
ver la imagen de Pater, ya no la de Rem.

Entonces recordó
que Rem le había ordenado
no hablar, bajo ninguna circunstancia,
con los Humanos, y sintió miedo.

- "Diculpe- preguntó-
¿Es usted humano?", pues
le pareció extraño
que, a pesar de los años,
el anciano no variase en su aspecto.

El sonrió de nuevo
y sólo dijo:
-"Recuerda que
estás viajando por el Tiempo.
Es todo lo que te diré al respecto".

-"¡Esa frase es de Rem! -pensó Ilhla-
Por lo visto, aquí nadie
da más información
de la que considera
estrictamente necesaria".

El anciano entró en la cueva,
haciendo a Ilhla señal de seguirle.

Entrando en la cueva,
un largo pasillo
los condujo a un sitio
con varias salas de estar.
Era su casa, al fondo de la cueva;
amplia, cómoda y moderna.
Era difícil creer
que en aquel lugar,
cuya entrada tenía
una apariencia de cueva,
hubiese una casa
tan cómoda y agradable.
Llegaron a un salón principal
que estaba alfombrado.
No había muebles,
pero sí muchos almohadones
sobre el suelo
y tres cómodas hamacas
que colgaban del techo. Ilhla escuchó otra música:

"Black bird singing
in the death of nite".

Ya se había acostumbrado
a las cosas extrañas.
Pero su cuerpo se estremeció
al mirar en la esquina del salón
una lechuza de madera...

Entretanto, el anciano le dijo:

-"Mira Ilhla, es Ilhla tu nombre,
si bien me acuerdo.
Yo voy a quitarme este disfraz
y a darme un baño.
Estoy cansado y hambriento igual que tú.
Puedes hacer lo que desees,
mientras esperas.
Ordenaré algo para que comas.

Si quieres,
puedes entretenerte con estos libros".
- y señaló una inmensa Biblioteca,
repleta de libros abandonados
y acomodados a lo largo
de muchos, muchos años.
A Ilhla le pareció que estaban allí, quizás,
sólo por el gusto de coleccionarlos.

Cuando se quedó sola,
contempló la lechuza
y recordó aquella pesadilla:
las palabras preocupantes
y las formas: era paloma, tigre, águila
y tomaba la forma
de rostros de hombres, mujeres y niños...
La siguió recordando
durante un rato;
pero al mirar a través de la ventana
y ver el hermoso color azul del tiempo,
Naturaleza se manifestó:

-"No estás sola, Ilhla.
Eres parte de un Todo.
Hay luz en el Todo,
la luz es en tí".

"Black Bird singing
in the death of nite..."
Miró de nuevo a la lechuza
y recordó otra vez su sueño...

Rem le había dicho:
-"Bajo ninguna circunstancia
podrás romper el silencio".

Pasaron los minutos.
Ilhla consideró que debió ser mucho tiempo:
porque el disco compacto
se oyó completo,
hasta volver a aquella pieza:

"You are only waiting
for this moment to be free,
black bird fly, into the nite..."

Después de conversar y comer algo,

se despidió de aquel anciano de éter; dejando tras de sí
la lechuza de madera
que aún parecía contemplarla
y recordarle, a propósito,
la pesadilla de la noche anterior.
Aún se oía el clásico:

"Black Bird singing in the death of nigth..."
Caminó, bajo aquel cielo
que continuaba siendo azul.
El tiempo había cambiado,
el anciano de Eter se lo había dicho.
Era extraño que Rem
no hubiese acudido a visitarlo,
tal como siempre lo hacía.
Sin embargo, ella sabía muy bien
que Rem era totalmente impredecible...

Se marchó tarareando aquella pieza,
y un poco temerosa
de no haber atendido
las instrucciones de Rem,
al hablar con un hombre en aquel viaje.
Pero en algo intuía
que aquel extraño anciano
bien podría ser una excepción.

Continuó caminando por un bosque.
Cerca de un árbol, oyó una voz:

-"Ilhla- dijo la voz- ¿qué andas buscando?
¿Por qué caminas sola por estos rumbos?
Ilhla se asustó un poco,
pero el tono dulce de aquella voz
la hizo recuperar, fácilmente,
su seguridad.

-"¿Quién es y por qué
me habla sin mostrarse?"

- "Yo pregunté primero así, que,
por favor, respóndeme primero".

-"No busco nada en particular.
Sólo salí a caminar un rato
y me he perdido.
Aunque... sí busco algo:
busco a mi amigo Rem: ¿Lo conoces?"

-"¡Claro que buscas algo!
No puedes ir caminando por el tiempo
tan sólo porque sí.
Y sí conozco a Rem: es mi hijo".

-"¡Ah! Entonces yo le conozco;
usted es Pater.
Estuve de visita, con Rem,
en su casa: ¿Me recuerda?"

- "No acostumbro responder
ese tipo de preguntas... ¡En fin!
¡Claro que te recuerdo...!
¡Te dieron una rosa en mi nombre!
Sé que amas la fantasía
y quiero regalarte un sueño.
Medita lo que quieres y te lo daré.
En cuanto a Rem,
le encontrarás de nuevo:
a su debido tiempo.
Ahora,
quédate contigo.
Define lo que quieres
y lo tendrás.
Debo irme".

En ese momento,
el azul del cielo
se volvió más intenso
y se reafirmó
la presencia
de la luz en el todo.

Ilhla ya no se sentía sola...
Los sonidos de la Naturaleza
la deleitaban.
Pensó en las palabras de Pater...

-"Reflexionaré sobre eso.
Por ahora, quiero encontrar a Rem
o, al menos, el camino de regreso al castillo.
Bien pronto volvió a ser noche.

Pensando en definir cuanto quería,
el cansancio y la soledad la rindieron.
Quiso dormir, pero vió unos ojos
brillando en la oscuridad:
era una lechuza.
Sintió miedo y recordó, de nuevo,
aquella pesadilla.
Ilhla estaba cansada...
Cuando ya casi se dormía,
escuchó un ruido
como de alas en movimiento.
Miró a su alrededor:
no descubrió nada,
pero aquel ruido
se combinó
con una voz fina
y casi infantil
que cantaba:
-"Fue un sueño:
había una estrella rota
en el camino..."
Ilhla pensó:

-"Es alguien que, tal como yo,
ha tenido un sueño
que le asustó mucho.
¡Es evidente!"

Y decidió llamarle:

- "Oye, quienquiera que seas,
¡por favor! termina
de cantar tu sueño".

Y la voz respondió:

-"¿Cuál sueño?
Yo sólo cantaba".

-"Pues, entonces,
termina tu canción;
estoy aquí sola
y un poco de música
me hará bien".

-"¡Tú no estás sola!
Aquí hay pájaros,
árboles, animales silvestres
y, como si fuera poco,
también estamos
el viento, la noche y yo.
¡Ah! Y también la luz de las estrellas.

Ilhla sonrió
ante tanta ingenuidad;
y agregó:

- A propósito de estrellas: ¿Podrías ¡por favor!
terminar tu canción?"
-"Lo haría con mucho gusto
-dijo aquella voz-
pero no la conozco completa.
Se la oí cantar, casualmente,
a unas criaturas chicas
que juegan en el Bosque,
de vez en cuando".

-"¿Unas criaturas chicas?
¿Quiénes son?"

-"No conozco sus nombres
-dijo la voz- de hecho,
sólo sé de ellos
que son chicos
y me enseñaron
una parte de su canción".

-"¿Y tú quién eres?"
-preguntó Ilhla-.
Y la voz respondió:

- "¿Quién eres tú
que pretendes conocer mi nombre?"

 - "Yo soy Ilhla. Pero tú ¿Quién eres?"

-"Yo puedo ser todos,
o podría ser ninguno.
¡No te diré mi nombre!
Pero si quieres
conocer toda la canción,
busca a esas criaturas:

ellos te la enseñarán, son muy amables..."

Y aquella vocecita
dejó de escucharse.

Ilhla se quedó, otra vez, sola.
Quería dormir, pero
escuchó una especie de coro...
Era un grupo de voces infantiles,
que jugaban:

Fresca será la mañanita
los pastos estarán gotendo
toda la serenadita...
soy como yerva buena
que en todo tiempo retoña
Las voces
se segían escuchando...

Ilhla se levantó de allí,
para buscar el grupo.
La cancioncilla se interrumpió.

-"¡Hey, miren !
¡Tenemos compañía!
-dijo un ser pequeño como un niño-
¿Cómo te llamas?"

-"Yo soy Ilhla. y ustedes
¿Quiénes son?"

-"¡No te diremos nuestros nombres!
¿Quieres jugar?"

-"¡Claro que quiero!"

Entonces Ilhla
se unió al juego
de aquel grupo de seres/niños.
Se divirtió mucho
y no le fue difícil
aprenderse la cancioncilla:

Soy como yerba buena
que en todo tiempo retoña

De repente, Ilhla vió, sorprendida,
que la Sirena, Lady Sirena,
era quien dirigía aquel juego.

-"¿Qué haces tú aquí? -le preguntó- 
- ¿Yo? ¡Juego!
¿Te haz dado cuenta?"

-"¿Quiénes son ellos?"

-"Ellos nos están enseñando música".

Al decir ésto, Lady
señaló a Henry-Caracol y al pulpo,
que jugaban felices,
junto a los hombres y mujeres niños.

De repente, una mujer de cabello largo
y agradable presencia
les interrumpió,
pidiéndoles silencio.

-"¿Quién es ella?"

-"Ella es el "Genio de la montaña"?"

-"¿ Cómo que ella es
"el Genio de la montaña"?"

-"¡Sí! Ese es su nombre;
no han querido decirnos otra cosa.
Y estamos aquí desde que te perdiste".

- "¿Dónde está Rem? " -
-preguntó Ilhla-

- "¿Rem? ¡No lo sé!
-respondió Lady-
y, francamente, por el momento
no me interesa.
Aquí nos estamos divirtiendo mucho.
A propósito: ¿qué estás haciendo aquí?
¿Qué andas buscando?"

-¡Sólo busco el camino de regreso!
¿Cuál es el afán de todos
por preguntarme qué estoy buscando?"

En ese momento
aquella a la que llamaban
"el Genio de la montaña",
les interrumpió:

-" ¡Por favor! ¡Pongan atención!
Hay un serio problema ecológico
en el Bosque.
Vamos a analizarlo
para resolverlo
en forma inmediata".

-"¿Un problema ecológico-pensó Ilhla-
en la Edad Media?"

Y la hermosa mujer
de cabello largo,
pareció leer su pensamiento.
No le respondió directamente,
pero en su próximo comentario,
lo hizo al continuar:-"A lo largo del tiempo- dijo-
los hombres siempre
han procurado transformar su medio.
Quieren sacarle el mejor provecho y,
sea por ignorancia o por descuido,
le causan y han causado muchos daños".

-"¡Escucha bien eso! -dijo la Sirena-
Y recuerda siempre
que lo que es en el Macro
es también en el Micro".

Ilhla sonrió, al ver
tan interesada a una Sirena
en integrarla a ella
al conocimiento de lo que hablaba
la mujer de cabello largo.

Esta continuó:

-"Enfrentamos, en este momento,
un serio problema ecológico.
El Bosque está siendo
devastado por algunos hombres.
Cortan los árboles, sin sembrar más
y las cuencas de los ríos
se están muriendo.
Echan basura al río,
y eso contamina las aguas,
matando peces y otros seres
que las habitan ".

Al oír ésto último, Henry-Caracol
sintió un escalofrío
y el pulpo, sintiendo calambres
en sus tentáculos
interrumpió a la mujer:

-"¿Y qué está pasando con el mar?"

-"Con el mar sucede lo mismo-
-respondió ella-
las manchas de petróleo
matan a los peces
y a todas las especies marinas.
¡Por cierto!- agregó, algo contrariada-
¿Me parece, o es usted un pulpo?
¿Qué hace aquí?"
-"¡Claro que soy un pulpo!
¡Y yo un caracol marino!
¡Es evidente! Y hemos venido aquí
en busca de la música,

con nuestros amigos".

La Sirena y el Pulpo
dijeron, al unísono,
un hermoso y sonoro
¡Hooolaaa!, que remontó a Ilhla
al Jardín del Silencio,
por un instante.

-"La música, la música...
-dijo aquella mujer, un tanto disgustada-
La música es algo hermoso y ¡claro! 
 ¡Hay que buscar más música! Podemos
hacer un taller, para enseñarles.
Por ahora, he recibido
la palabra urgente de Pater:
¡Es imperativo que resolvamos
el problema ecológico!"

Ilhla interrumpió:

-"¿Pater? ¡Yo conozco a Pater!
Rem me lo presentó.
Estuvimos en su casa,
escuchando música.
Me agrada cuanto están haciendo
ustedes por el problema ecológico,
yo deseo ayudar a la causa
¿puedo...?"

Al decir ésto,
los seres/niños
se volvieron a ver
y sonrieron entre ellos.

La mujer continuó:

-"¡Claro que puedes ayudarnos, Ilhla!
Preparamos un proyecto
hermoso y dinámico,
así los hombres aprenderán
a amar a la Naturaleza;
cuidarla, protegerla,
usando sus recursos y, a la vez,
preservándola. Escucha ésto:

Y la mujer empezó a cantar,
acompañada del coro que
formaron los ahí presentes.
La Sirenita parecía continuar
como si dirigiera aquel juego.

"Fue un sueño...
Había una estrella rota en el camino...

Era una estrella blanca y admirable.
En su seno, por mineral, el tiempo.
En sus almas, porque tenía miles,
reinaba el bien y el mal.
Estaba toda llena de esperanzas:
de verdes esperanzas infantiles;
azules esperanzas juveniles
y grises de profundas esperanzas.
Estaba toda llena de dolores,
sembrada entre problemas y tristezas,
bañada en lágrimas y risas,
preñada y estéril a la vez...
La estrellita herida y blanca de mi sueño
¿Acaso podría ser la humanidad... ?

-"¡Qué linda música!  ¡Me gusta esa canciónI-dijo Ilhla-
Pero no creo que les ayude
a resolver el problema ecológico.
Si se refieren a la Tierra,
a la Naturaleza ¿Cómo esperan
resolverlo con una canción
que habla de las personas?"

La mujer respondió:

-"Recuerda siempre
que lo que es en el Macro
es también en el Micro.
Es todo lo que te diré al respecto".

Y diciendo ésto se marchó
del lugar sin despedirse.

De nuevo Ilhla estaba sola...

(Soy un mundo pequeño y ¡tan inmenso!
como la inmensidad del Universo.
Soy un mundo completo e inconforme,
lo tengo todo y nada tengo...)

Recordó, en ese momento,
la insistencia de Pater
en saber acerca de lo que ella,
realmente, quería.

Pensó en su amigo Rem,
y añoró verlo. ¡Cuánta falta le hacía
su presencia! ¿En dónde estaría Rem?
¿Cuántas cosas me han de suceder
y cuánto tiempo ha de pasar
antes de volver a verlo?

Aquella noche era, a su juicio,
demasiado larga.
Ilhla no podía conciliar el sueño.

Pensó en el problema ecológico:
ella había atravesado un amplio bosque,
y no recordaba haber visto
problemas ecológicos tan serios.
-"Quizás estén planeando
para el futuro".-pensó-.

Recordó, nuevamente,
las palabras de Pater:
¿Qué quería ella?
Por vez primera,
durante todo aquel viaje,
se preocupó de su propia vida.
¿Hacia dónde iba?
¿Qué quería hacer?
¿Qué había hecho hasta ahora?
Y: ¿Cuánto duraría
aquel viaje en el Tiempo?
Además: ¿Dónde estaba Rem?
¡Quería verlo... ¡Necesitaba verlo!
Estaba asustada, y añoraba
los encuentros del Jardín del Silencio.
Se quedó como abstraída pensando
en la mirada intensa de su amigo Rem.

Escuchó unos pasos. Giró para ver
quién se acercaba; y divisó
a Zuláyaba acompañada
de otras dos mujeres.

-"¡Hola querida Ilhla! Por fin te encuentro.
-Qué gusto me da verte de nuevo.
-No te separes más de nosotros".
-"No, no lo haré más..."
-"Ven, estarás bien, estarás segura".

Ilhla había quedado encantada
con los juegos y cantos
que aquellos seres chicos le enseñaron.
Quería, ¡por supuesto!, colaborar
con el programa de Rescate Ecológico.
¿Cómo hacerlo? Si el mismo Pater
había hablado con ella pidiéndole
pensar muy bien cuanto quería,
para regalarle un sueño.

¡No comprendía lo que pasaba!
Mas, estaba convencida
de que era importante:
¡Claro que ayudaría!
Ella vivía la misma Naturaleza.
Además, todos ahí eran
simpáticos y agradables.
¡Les ayudaría con gusto!
Zuláyaba departía asintiendo
como si interpretara sus pensamientos.

Continuaron caminando
por aquel Bosque
y comenzó a caer
un fuerte aguacero.
Al buscar refugio,
hallaron una casita
con dos mujeres más,
quienes las alimentaron
y secaron sus ropas.
También, las invitaron
a pasar ahí la noche.
Afuera, la lluvia continuaba.

"Cuando llueve,
la humedad de la lluvia me penetra
... y me fundo en el todo.
El olor de la tierra trasciende a mí
y me figuro tierra.
Geniecito que travieso
me acaricia
y me confirma viva;
llena el futuro de alimento,
y los cultivos crecen rebosantes de vida.
Esta lluvia es la vida que fecunda la tierra
y yo, Naturaleza plena, estoy llena de vida".

Aquella cama era tan cómoda
y aquella casita tan acogedora,
que Ilhla se durmió, encantada.

Aún no amanecía cuando
Ilhla escuchó a Zuláyaba
quien la instaba a levantarse.

-"¡Aún no amanece! -dijo Ilhla-

-"Y no amanecerá durante mucho tiempo"
-dijo Zuláyaba-

-"¿Cómo... Por qué?"

-"Ordenes de Pater:
no amanecerá, sino hasta
que se resuelva "tu" problema ecológico".

-- "¿ "Mi" problema ecológico?"
-"¡Sí, claro! Eso dije.
-continuó Zuláyaba-
Pero no te preocupes demasiado.
Podrás hospedarte aquí,
y tendrás todo lo necesario.
Ahora, nosotras nos iremos.
Si lo deseas, puedes
salir a caminar.
No corres peligro:
aquí todos te amamos".

Y todas las mujeres se marcharon...

Ilhla no comprendía.
Aquello parecía una extraña broma.

-"¡Yo ni siquiera tengo
Jardín en casa!
¡Tampoco tengo
animales domésticos!-pensó-
¿Cómo podría
tener un problema ecológico?"

Se escuchó un batir de alas y la vocecita casi-infantil dijo: -"¡Hola, Ilhla! Es Ilhla tu nombre si
no me equivoco y, ¡Claro que no!
¿Qué haces aquí?"

-"No lo sé realmente;
me dicen debo resolver
un serio problema ecológico que tengo.
Y no doy con cuál es".

-"¡Oh! ¡Sí que lo tienes!
Lo noté cuando te ví en el bosque.
¡Pero ya lo resolverás!
Cuentas con el apoyo de todos.
Además, Pater susurró y me dijo
cuánto te ama... y te ama mucho.
¡Pronto resolverás tu problema!
¡No te preocupes!"  Y el Colibrí
se marchó volando,
después de libar
una linda flor de aquel Jardín.

Ilhla decidió caminar un poco
para respirar aire fresco.
La lluvia había cesado
y la noche aún continuaba.
Ilhla vió a la lechuza en un árbol,
esta vez, la lechuza habló:

-"¡Hola! vengo del Silencio".

Ilhla no supo qué hacer
qué pensar... Fue esa
la primera frase que escuchara
de Rem allá en el Jardín del silencio.

La lechuza se sentó a su lado
y sacó, debajo de sus alas,
dos libros que entregó a Ilhla.

Ella tomó uno y entrevió
en sus letras que conducía
a una historia horrible
de muerte y odio.

Ilhla amaba los libros, pero no
a todos, menos de ese tipo.
No prosiguió con la lectura.
Trató de devolver el libro,
pero ya la lechuza
se había marchado...

Entonces, asomado tras una flor,
escuchó de nuevo al Colibrí:

-"Lee con mucho cuidado
este otro libro -señalando
el que estaba sobre el césped-
me parece muy interesante".

La fuerza del libro era Natura.
Ilhla leyó y leyó sin percatar el tiempo
en aquella larga e interminable noche
que, en las páginas del libro,
estaba iluminada.

Ilhla vió en esas páginas
que Natura es pródiga.
Que otorga en dádiva
cuanto necesita el hombre
para hacer y ser en el mundo.
Ilhla, en su lectura,
contempló al maravilloso mar
y recorrió paisajes intensos,
de esos que regocijan el espíritu.
Entonces meditó en Natura
y la contempló a través
de sus millones de años
viendo cómo, la intervención
humana le había roto
su cadena de ecosistemas...  El libro contenía datos
preocupantes en relación
con la contaminación
en mares, ríos, aire y manglares.

¡Ilhla vió lugares tan bellos
como el Jardín del Silencio
y aún más, destruidos
por hombres ignorantes
movidos por ansias de poder...!

Ilhla comprendió lo serio del asunto
y la gran importancia
del Programa de Rescate Ecológico
de Pater y los Seres Chiquitos.
Pero aún no sabía por qué
todos insistían en asegurar
que era ella misma quien
tenía un problema ecológico.

¡Ella tenía sus propias ideas
sobre Naturaleza!
Recordó parte de la canción
que los seres/niños
le habían enseñado:

"... Estaba toda llena de esperanzas:
de verdes esperanzas infantiles,
azules esperanzas juveniles
y grises, de profundas esperanzas..."

Pensó que esa canción
bien podía referirse
a la Naturaleza y, ¿Por qué no?
a ella misma.
Natura es plena de colores
y esa canción hacía que Ilhla
se remontara a la luz,
al arcoiris, a las verdes campiñas,
con aroma de frutas de colores;
al cielo gris que anuncia lluvia
y a sí misma... Ilhla percibía que,
tal como Natura, en sus sensaciones
jugaban los colores.

Ilhla se encontraba, aún,
en medio de aquella noche iluminada...
Había leído y releído
el segundo libro que le diera la lechuza.
Tornó a pensar en la música.
También, en sus amigos
viajando por el tiempo
en busca de la música.
...Y pensó en Rem.
Empezando a sentir frío
quiso entrar de nuevo en la casita,
cuando una dulce voz dijo
a sus espaldas:

-"¡Hola, Ilhla! ¿Aún perdida?"
El anciano de éter, al parecer,
había permanecido algún rato
junto a ella sin que le notase. 
-"¡No encuentro el camino!
Y me han dicho que no amanecerá
sino hasta que yo resuelva
un "mi" problema ecológico".

El anciano sonrió.
Ojeó el libro
que Ilhla estaba leyendo.

-"Ecología -dijo- es un lindo
e interesante tema para un libro;
y Natura necesita que todos
colaboremos con ella.
Pero ... ¿Cuál es,
realmente, tu problema? "

-"¡Yo no tengo problemas!"

-"Eso no puede ser!
Si estás viva,
debes tener problemas.
¿Hacia dónde vas?
¿Cuál es el rumbo
que haz dado a tu vida?"

-"¡No lo sé!
Sólo viajo por el tiempo
gracias a una gentil invitación
de mi amigo Rem."

-"Debes tener un rumbo...
metas, objetivos.
Todos tenemos la posibilidad
de detenernos un momento
y revisar lo que hacemos,
para no desviarnos de lo que queremos,
mirar hacia dónde vamos y para qué...
Tú no estás en el mundo
sólo porque sí...
La Naturaleza vive
un continuo proceso de desarrollo:
¡Y tú eres parte de un Todo!
Procura armonizar en él".

-"Pero... ¡yo procuro! Lo hago, lo hice.
Siempre iba al Jardín del Silencio,
me sentaba bajo un árbol
a sentir la Naturaleza:
¡Mi espíritu está
en comunión con ella!"

-"¡No es suficiente, Ilhla!
También eres materia.
Eres un animal,
-Un animal que piensa y ríe, ¡claro!.
-Pero, al fin, animal...
Y, como tal,
debes alimentarte,
procurarte vestido y techo.
Tu especie se caracteriza
por transformar su mundo.
La intervención humana,
a lo largo del tiempo,
ha transformado todo:¡Eres, también, parte
de ese proceso de transformación!
¡Ténlo siempre presente...!
Dime:¿Crees en algo?"

-"¡No le comprendo!"
-"¿Cuáles son las creencias de tu país?"

-"¿Se refiere usted
a religión, o a tradiciones?"

-"¡Hablo de creencias!"

-"Mi espíritu está
en comunión con el Todo,
con la Naturaleza".

- "Eso lo entiendo,
pero, al menos, Ilhla,
conoces las creencias
de tus contemporáneos?"

-"Sí las conozco y, algunas,
también las comparto".

-'¿Tienes amigos?"

-"Pocos. Realmente muy pocos.
Ahora, mi mejor amigo es Rem...
También está Zuláyaba..."

-"Al igual que los mares
-continuó el anciano-
o los árboles; igual
que todo cuanto está vivo,
el Ser Humano
ha tardado millones de años
en desarrollarse.
-Pero es distinto, porque piensa.
-Es capaz de transformar su entorno,
porque puede conocerlo, percibiéndolo.
¿Compartes con tus congéneres
su manera de percibir el mundo?"

-"Creo no comprender porque..."
La interrumpió el canto alegre
del pájaro Yigüirro
y en ese momento, apareció Rem.
-"¡Al fin te encuentro!" -dijeron al unísono-
-"Ilhla -continuó Rem-
¡No debes caminar sola
por sitios que no conoces bien!"

-¡Ah! ¡Hola! ¿Cómo estás?"
-dijo Rem al ver al Anciano de Eter-.

Y éste respondió:
-"Muy bien. Es muy agradable
estar aquí...
Hablaba con tu amiga
sobre Ecología. Le preguntaba,
ahora, acerca de las creencias
de su país..."
Descorriendo el follaje
Zuláyaba llegó hasta el grupo.
Lucía en su rostro una delicada
sonrisa de satisfacción. Todos
le sonrieron en señal de bienvenida.
El Anciano de Eter retomó la palabra:

-"¡No haz dado respuesta aún, Ilhla!
¿Conoces las tradiciones de tu pueblo?
¿Sabes alrededor de quiénes
se ha desarrollado tu vida?"

Ante tanta interrogante,
Ilhla, un poco molesta decidió hablar:

-"Primero me dicen ustedes
que tengo un problema ecológico;
y ahora quieren conocer
tradiciones y creencias
de mi lugar de procedencia..."

Zuláyaba que continuaba sonriente dijo:

-"Hablamos acerca de
mitos y de leyendas.
Queremos conocer
la concepción del mundo
que tu pueblo tiene.
Creo que puedo ayudarte
un poco, Ilhla:
Cada pueblo desarrolla
una visión subjetiva
del mundo y de sus contenidos,
según su experiencia
y más aún, segµún su entorno".

Rem intervino:

-"¡Claro Zuláyaba!
Pongamos como ejemplo la música,
que buscan nuestros amigos del mar.
Para algunos pueblos,
la música no es sólo diversión;
posee funciones mágicas
y aún terapeúticas".

-"¡Así es! -dijo el Anciano de Eter-
y no sólo respecto a la música.
Yo conocí a una gente que vivía
en cuevas sin exponerse al sol.
Tenían la firme creencia que
los rayos solares les quemaría
y mataría a la hora del cenit".

-"Cada pueblo -agregó Rem-
se explica, de alguna manera,
el Universo, su origen
y los fenómenos naturales
que no comprende;
tales como el rayo, o la lluvia.
¡Esa lluvia que tú tanto amas, Ilhla!"
Los mitos son, entonces,
una abstracción simbólicaque ilustra una verdad".

Zuláyaba continuó:

-"Conozco una de esas historias
acerca del origen del mundo.
Está relacionada, también, con la música.
Esta leyenda me la contó mi Hermano,
en uno de esos días
en que es más que bromista, sabio.

Ese día, fuimos de paseo
a un sitio hermoso
de Naturaleza Virgen.

Se respiraba
el olor primero de la tierra...
Un olor que no estaba contaminado;
Naturaleza verde-húmeda,
fertilidad primera.
Ese lugar parecía
no haber sido habitado.
Le comenté a mi Hermano
la hermosa gama de sensaciones
que aquel sitio me producía.
El me dijo:

-"Te equivocas, Zuláyaba.
Este sitio ha estado habitado
desde hace tiempo....
Luego visitaremos a sus pobladores.
Este suelo que ahora pisamos
es sagrado para ellos.
Hay una hermosa leyenda
sobre su origen:
Vivía, hace muchos años,
en este sitio,
una tribu de hombres primitivos.
No conocían la música,
ni tampoco el lenguaje o la familia,
como la conocemos hoy.
Pero sí tenían fuego...
Y en danza primigenia seguían
un ritmo como en un ceremonial
alrededor del fuego que daba
su calor, y por tal,
le creían divino y le adoraban.
Así, adoraban también al rayo
porque, al caer, producía fuego.
Pero en ese tiempo,
no era esta tierra tan fértil
como la ves ahora.
La lluvia había escaseado durante meses.
Por eso aquellos hombres
se animaban alrededor del fuego
pidiendo lluvia...
Un día, vieron danzar sobre ellos
a una mujer...Traía un manto como el cristal
y aquella mujer danzaba,
con su rostro triste..."

-"Pero... -preguntó Ilhla-
¿cómo bailaban,
si no tenían música?"

-"Se movían como flamas al ritmo
de su fuego interno que trasciende
a las siluetas, reflejo de sus propios cuerpos."

-"¿Quién era esa mujer? - preguntó Rem-.

-"Ellos afirman -dijo Zuláyaba-
que esa mujer les enseñó a hacer música,
les trajo la lluvia y el lenguaje hablado.
Nunca supe su nombre...
También cuentan que,
al dejar atrás algunos años,
cansada, una tarde se durmió
para siempre sobre el Valle.
Y cuentan que, desde entonces, el lugar
tiene el aspecto y el olor primigenio
que tanto me impresionaron
en aquel viaje...

Pero ¡Claro!
¡Sólo se trata de una leyenda!
Nadie sabe, exactamente,
cómo se originó la música.
Yo, francamente no entiendo
querido Rem,
por qué tus amigos del mar
vinieron a buscar la música
en el tiempo..."

Como hacía frío, en una mirada
concluyeron que debían entrar
a la casita...
Mientras entraban
el Anciano de Eter continuó:

-"¡En fin, Ilhla.
¿Qué quieres de la vida?
Tu aventura en el tiempo
es sólo eso: una aventura.
Porque tú sabes que eres un todo,
un pequeño todo con proyección
para autorrealizarse.

Tienes un pasado
que ha de servirte de referencia
para saber cuanto eres hoy
y definir qué serás mañana".

-"¡Bien! -dijo Ilhla-
Les he dicho muy claro que quiero
hacer música con la palabra.

También, ahora sé
que deseo colaborar
con el Programa Ecológico de Pater".
Rem intervino:

-"El Programa Ecológico de Pater
es algo muy importante.
Debemos mantener funcionando
a la Naturaleza:
usar sus recursos, sin agotarlos;
convivir con todos los otros seres
y aprovechar sus recursos,
según su capacidad.
Pero recuerda, Ilhla,
que tú eres, también
una Naturaleza.
Piensa en ello, defínete y vive...
Si queremos saber
acerca de las creencias de tu pueblo,
es porque nos ayudarán
a conocerte mejor.
Y... dependiendo del modo
en que percibes el mundo,
así te relacionas con él.
Si llegamos a conocer
tu punto de vista,
podríamos ver el mundo
desde tu perspectiva.
Así será muy fácil
que consigas tus propósitos.
¡Queremos ayudarte porque te amamos!"

Al momento, un haz de luz surcó los cielos
y todos comprendieron que había
empezado a amanecer.
Rem tomó a Ilhla de la mano
y le dijo:

-"Ven, continuemos nuestro viaje".

El anciano de Eter sonriente dijo adiós
y se dirigió a su cueva.
Rem, Zuláyaba e Ilhla
caminaron en silencio
hacia el castillo
que les hospedaba.

Atravesaron el bosque
¡Qué bella luz!
¡Qué lindo despuntaba el día!

En el jardín del castillo, los colibríes
volaban entre las mieles de las flores
y los animales del mar
esperaban ansiosos,
para continuar su viaje
en busca de la música...

En tierras de Zuláyaba

Cuando la princesa
despertó de su sueño,
estaba aún en el Bosque
y se sentía cansada.
Zuláyaba aún traía puestas
sus hermosas sandalias doradas y su vestido verde.
No sabía, exactamente,
qué había ocurrido.
Recordaba su viaje:
el hermoso palacio,
la playa con gallinas
y cerdos que comían
mangos, y a sus
nuevos amigos.
Pero ahora y, de pronto,
se encontraba sola
en medio del bosque de su país.

Estaba cansada
y quería volver a casa,
al lado de su Hermano.
Después de todo, en realidad,
la broma de éste
no había sido tan pesada.
Así se puso en camino al palacio.

La mañana mostraba en todo
su esplendor los senderos
que conducían a su casa.

La sombra de los árboles
la protegía del sol cuya luz
empezaba a ser intensa.

En su mente
revoloteaban las imágenes
del hermoso sueño que tuviera:
¿Había sido, realmente, un sueño?

Zuláyaba además de bella, era
una joven sumamente inteligente.
Conocía de la música y de la literatura
casi tanto como su hermano el Rey Bromista.
El Sabio Rey Bromista,
como le llamaban sus amigos.

El camino del Bosque era muy acogedor.
La tierra todavía tenía un olor fresco,
debido a la lluvia de la noche anterior.

Los pájaros cantaban
y Zuláyaba caminaba feliz...

Viendo unas fresas
casi al alcance de su mano
dispuso acercarse a ellas
y tomarlas. Así lo hizo.

Entretenida comiendo una aquí
otra allá, escuchó una voz
que le pareció conocida:

-"Hola Zuláyaba! ¿Cómo estás?"
-" Bien, me siento bien... ¸¿Eres tú
quien yo creo que me habla?"

"Sí soy yo: Pater. ¡Debes volver
a Casa rápidamente!
Tu hermano te espera. Tus amigos -te informo-
llegaron antes que tú."

Zuláyaba caminó tan aprisa como pudo,
aprovechando cada recodo del camino
y pensando que todo aquello
no había sido un sueño.
¿O acaso las fresas
estaban encantadas?
Siguiendo las instrucciones de Pater
llegó al castillo.

Encontró a sus amigos,
les invitó a pasar
y les presentó a su hermano:

-"¿Qué haces?"

--"¿Yo? Escribo una carta."

-"¿Para quién?"

-"Pues mira -dijo el Bromista,
con una sonrisa que se escapaba
sutilmente de unos labios
empeñados en esconderla-
yo todos los días escribo una carta,
nunca sé, exactamente, para quién;
podría ser para tí,
para alguien que aún no conozco,
o para otro que vive dentro de mí
y me acompaña siempre".
-"¡Eso es absurdo!" -aseveró Ilhla-

-"¡No! ¡Espera! -dijo Rem, entusiasmado-
¡Podría no ser tan absurdo!
Déjalo continuar".
Y, mirando al Bromista,
le preguntó:

-"¿Y, cuál es
el tema
de sus cartas?"

-"¿Tema?
¿Es que estoy
obligado a
un solo tema?"

-"No exactamente-
dijo Rem- pero,
al menos, talvez
pienso yo,
que tiene usted
lineamientos".

-"¡Ah! Entonces,
estoy obligado a
Lineamientos...
¡No, querido amigo!
Yo no sigo ningún lineamiento
para escribir cartas. ¡Sólo las escribo!
¿Por qué habría de tener lineamientos
para hacer una carta?"
¡ Y ya verán lo que podremos encontrar!

-"¡Interesante modo de viajar!"
-pensó Rem-.

Y dicho esto,
penetraron el tronco de un árbol
y llegaron
a una habitación elegante,
con muchos cortesanos
vestidos con roídos trajes
que alguna vez fueron elegantes..

-"Ellos no pueden vernos"
-dijo el Bromista-

Aquellos hombres y mujeres
estaban apostados
alrededor de una cama en donde
había un hombre acostado.

-"¿Ese hombre está enfermo?"
-preguntó Ilhla-

-"¡No! El no está enfermo.
¡Por favor, observa!"

En el momento en que
aquel hombre despertó,
se estiró y bostezó; quienes
estaban a su alrededor
aplaudieron ...
-"¿Estamos en un teatro?"
-preguntó Ilhla-

-"¡Por supuesto que no!
-dijo el Bromista-
Ese hombre es un Rey
y ellos, sus cortesanos".

Ilhla y Zuláyaba
se rieron de buena gana:
¡Aquello era ridículo...!
Los seres marinos se miraban
entre sí tras ver a Henry Caracol
dando volteretas en el suelo
en un ataque de risa.

El Bromista observó:
-"¡Increíble!
¡Un caracol que ríe!
¡Y yo que creía
haberlo visto todo, ya...!"

Rem, observando
aquel espectáculo grotesco
de hombres y mujeres
que aplaudían un bostezo,
dijo:

-"El culto a la personalidad
nunca ha sido bueno.
Estos hombres y mujeres 
-"¡No entiendo nada! -dijo Ilhla.

Entretanto, Zuláyaba
que conocía muy bien
a su hermano el Bromista,
hacía a Ilhla señas
de no interrogar más.
Pero Ilhla muy insistente,
continuó hablando
casi sin notar
el sabio consejo de Zuláyaba.

-"¿Podría leer en voz alta
su carta más reciente?"

-"¡Claro que sí! -dijo el Bromista-
Y la sonrisa aprisionada
forcejeaba, nuevamente,
por salir de sus labios.

Zuláyaba pensaba:

-"¡Ya está planeando algo!
¡En fin...!"

-"¡Claro que sí, jovencita!
-dijo el Bromista,
Y leyó en voz alta:

-"¡Hola,
quien quiera que seas!
He estado aquí
por muchos, muchos años,
trabajando duro y estudiando más.
He hablado
con los hombres de todos los pueblos,
a lo largo del tiempo;
he visto su arte,
he escuchado su música
y he bailado sus danzas.
También he bebido su vino:
y les he conocido
a través de sus lenguas,
y de sus manifestaciones
de amor o de alegría,
de miedo o de tristeza,
de temor o confianza.
Y aún sigo aquí...
De todo lo que he visto y aprendido,
hay algo que siempre
me ha gustado compartir:
es la risa.

¡Claro! Hay algunos
a los que no les hacen
ninguna gracia mis bromas.
Pero, al pasar el tiempo,
y al volver su mirada a lo vivido,
siempre se ríen y de buena gana...".

Rem lo interrumpió:
-"El hombre es el único animal
capaz de verse a sí mismo en perspectiva,
y reír..."

 De inmediato, Henry-Caracol aprovechó
para interrumpir:
-"Es muy linda su carta, Señor Rey,
pero, en realidad,
nosotros, más bien,
andamos en busca de la música".

-"Sí -agregó Zuláyaba-
y yo les traje aquí
porque sé que tú puedes ayudarles".

-"¡Por supuesto! -dijo el Rey-
Ordena que traigan un buen vino,
querida Hermana. Yo, entretanto,
voy a seleccionar
algunas buenas piezas;
nos encontraremos en el Jardín
para escuchar un poco de música".

Y así, bebieron vino
y escucharon música.
Música proveniente de diferentes
pueblos y épocas.

-"Espero que les guste
el tipo de música que traje.
-dijo el Bromista-
En realidad, no he podido
establecer cuál puede ser
la más indicada para ustedes".

-"Pero...- terció Ilhla-
¿Es que hay un tipo de música
para cada quien?"

-"Sí y no. -dijo el Bromista-
O sea, tal vez".

Ilhla estaba extasiada con la música.
Ella amaba la fantasía,
eso era más que evidente.

El Rey Bromista, con toda su sabiduría,
lo notó de inmediato.
dentro de unos quince días
su esfuerzo será un éxito;
y las lluvias se alejarán de aquí.
Lo que no te puedo garantizar
es que se vayan directo
adonde él las está enviando..."

-"¡Ya empezó...! -pensó Zuláyaba;
y decidió explicar:

-"Sucede que estos prójimos
son una partida de charlatanes:
pretenden tener poder sobre las lluvias;
pero no es así, ¡no les creas!"

-"¿Ellos no provocan las lluvias?"

-"Talvez sí, talvez no -dijo el Bromista-
¡Eso no lo sabemos!"

Zuláyaba le miraba turbada...

  La lluvia cesó... En su lugar,
diminutas gotitas dejaron en el cielo
la infinita gama del iris.

¡Qué lindo era aquel arcoiris!
Todos contemplaban el deleite.

-"Amo el arcoiris -dijo Rem-
tanto como tú amas la lluvia, Ilhla".

-"¿Lo crees así?"- preguntó Ilhla-

- " Me hace tener presente
que el mundo es de colores.
También, que los colores
tienen sus matices.
Y ¡claro! que todas las personas
son, un poco, como un arcoiris".

-" A mí -dijo Zuláyaba-
el arcoiris ¡me hace sentir feliz!"

Entretanto, el Bromista
permanecía en silencio;
un colibrí se posó sobre su hombro
y así transcurrió algún rato...

-"¿Qué hace usted, Señor Rey,
que está en silencio?"
-preguntó Henry-Caracol-

-"¡Silencio! ¡Por favor,
no me interrumpas!
¿No ves que escucho otra conversación?"

-"¿Qué estás oyendo, hermano?"
-dijo Zuláyaba-

-"Aún continúan hablando...
¿Les quieren escuchar?"

-"Pues... ¿ quiénes hablan ?"

Aquí continúa

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