Turrialba, la de los muchos valles,
grandes y chicos, de naturaleza
ricamente verde, con sus caudalosos
y hermosos ríos como el Reventazón
preferido por sus rápidos.
En su irregular territorio
se asienta el Parque Nacional
de Guayabo, con sus huellas indígenas
en el acueducto de piedra
que ofrece al visitante
sus aguas cristalinas.
Es un lugar de calzadas en la estructura urbanista que van hacia puntos distantes aún hoy no localizados con exactitud, pero sabemos que existen entre esa feracidad de selva que les envuelve.
Bella luce esta ciudad en domingo
cuando los campesinos bajan
desde la Alta Talamanca a este
lugar que ofrece, en su diario trajín,
una imágen como de puerto
rodeada de los más variados cultivos.
Aquí algunos poemas del turrialbeño
Jorge Debravo, el gran poeta
de los costarricenses.
Como para besar
Como para besar acerquemos la boca
al cuerpo de las frutas...
Cantémosle amor a los fruteros,
a la tierra, a las tazas
donde se empoza el jugo de las frutas,
a los terrenos que las hacen cálidas,
a los vientos y soles que las doran,
a las bodegas que las tornan blandas.
Aspiremos ese olor
que les sale como de alma;
y gocemos el triunfo
de estar vivos para saborearlas.
Digo
El hombre no ha nacido
para tener las manos
amarradas al poste de los rezos.
Dios no quiere rodillas humilladas
en los templos,
sino piernas de fuego galopando,
manos acariciando las entrañas del hierro,
mentes pariendo brasas,
labios haciendo besos.
Digo que yo trabajo,
vivo, pienso,
y que esto que yo hago es un buen rezo,
que a Dios le gusta mucho
y respondo por ello.
Y digo que el amor
es el mejor sacramento,
que os amo, que amo
y que no tengo sitio en el infierno.
Credo
No acostumbro a decir amo, te amo,
sino cuando el amor me inunda todo
desde los ojos hasta los zapatos.
Mi cuerpo es una sola verdad y cada músculo
resume una experiencia de entusiasmo.
Una vez dije: ¡sufro! Y era que el sufrimiento
agitaba a mi lado sus cascos de caballo.
Y siempre digo: espero. Porque a mí me podrían
arrancar el recuerdo como un brazo,
pero no la esperanza que es de hueso
y cuando me la arranquen dejaré de ser esto
que te estrecha las manos.
Creo en todos los frutos que tienen jugo dulce,
y creo que no hay frutos que tengan jugo amargo.
No es culpa de los frutos si tenemos
el paladar angosto y limitado.
Creo en el corazón del hombre, creo
que es de pura caricia a pesar de las manos
que a veces asesinan, sin saberlo,
y manejan fusiles sanguinarios.
Creo en la libertad a pesar de los cepos,
a pesar de los campos alambrados.
Creo en la paz, amada, a pesar de las bombas
y a pesar de los cascos.
Creo que los países serán un solo sitio
de amor para los hombres, a pesar de los pactos,
a pesar de los límites, los cónsules,
a pesar de los libres que se dan por esclavos.
Y creo en el amor, en este amor de acero
que va fortaleciendo las piernas y los brazos,
que trabaja en secreto,
a escondidas del odio y del escarnio,
que debajo del traje se hace músculo,
órgano, experiencia, nervio, ganglio,
a pesar del rencor que nos inunda
el corazón de funerales pájaros.
Yo creo en el amor más que en mis ojos
y más que en el poder y el entusiasmo.
No persigo tu beso
No persigo tu beso
aunque tu beso sea
como una fiesta.
Ando en busca de un sitio
para hablar de la tierra,
de lo atado y lo libre,
del sueldo y de la mesa,
de Dios y la protesta.
Ando tras una alianza
fraternal, pura, tierna,
que tú, amadamente,
representas.
Milagros
Misteriosas substancias emergen de la luz.
Genésicas materias laboran en la noche.
Una mañana amanecerá la muerte
recolectando flores,
subiendo por la savia y por la sangre
para besar al hombre.
Y el tiempo llenará
de ojos los relojes,
para ver el milagro
del hombre haciendo al hombre.
Eternidad
Antepasado mío, hoy te he visto
gozoso, reencarnado en mis dos hijos.
La tarde olía a madurez y a mango.
Por las mejillas de mis niños
dulce y amadamente resbalabas...
Campanas
La ciudad nos envuelve largamente,
como una noche dolorosa.
A nuestro lado ruedan los camiones
como brujas agónicas.
Una campana se queja a lo lejos desesperadamente.
Algún campanero irascible le estará golpeando el corazón.
Caminemos.
Olvídate del mundo.
Piensa solamente en lo que llevas piel adentro
y sabrás qué dulce y qué sabroso es, de pronto, vivir
Más que cualquier ciudad
Más que cualquier ciudad, es poderosa
la ternura del hombre.
Más que cualquier camino, es caminante
la pisada del hombre.
Más que cualquier silencio, tranquiliza
lo piadoso del hombre.
Más que cualquier olor, es delicioso
el perfume del hombre.
Y más que cualquier dios, es creadora
la esperanza del hombre.
Más Lectorías relacionadas con el tema en el libro Tipilambi. | ericdiaz@lectorias.com
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