Izcatzú era un lugar situado en la ladera o "pecho del cerro" que los indios usaban para pernoctar en sus largas caminatas a la costa. Era lugar de muchos trillos (que algunos son calles de hoy) que todos conducían al mismo lugar: a Izcatzú (cuadrantes alrededor del parque).
Escazú guarda huellas coloniales con remembranzas de sombrero de paja, faja ancha y pañuelo al cuello; aunque, esas personas se han ido ya, con la misma velocidad con la que avanza este milenio.
La población está anclada en la falda del Macizo del Cedral y detrás destaca la imponente mole del Cerro Pico Blanco, lugar que agrada a los montañistas.
Varias leyendas dieron a Escazú el nombre de ciudad de las brujas.
Escazú conforma una de las poblaciones urbanas de la Ciudad de San José, y aunque la mayoría de las construcciones son de corte novedoso, existen algunas casas de adobe iguales o similares a las que pintara Fausto Pacheco, el pintor por excelencia de casas de adobes costarricenses.
De este pintor Fausto Pacheco, existen grandes y valiosísimas colecciones de sus acuarelas en exhibición permanente en museos de San José. Fausto posse características universales en torno al tratamiento de la luz en su pintura. Este hombre de característica bohemia, se entregó por entero a pintar en sus acuarelas casi solamente casas de adobes; posiblemente presintiera la desaparición de ellas y de sus entornos en donde nació, creció, jugó y amó.
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